Esmir Bajraktarević, con su potente disparo, logró vencer al arquero Gianluigi Donnarumma, dejando a Italia fuera de la copa y marcando un punto de inflexión que llevó a sus padres a preparar sus maletas para viajar a Norteamérica. Así, el destino les ofreció la oportunidad de regresar a la región que les brindó refugio en su momento más oscuro. Una historia digna de un guion cinematográfico.
Para comprender la relevancia simbólica de este delantero, que se destaca en el PSV Eindhoven de Países Bajos, es necesario adentrarse en su hogar en el barrio de Appleton, donde creció. Su educación estuvo marcada por platos típicos bosnios, música balcánica y la incansable pasión por el fútbol que su padre le transmitió. Esto explica las memorables imágenes de un joven Esmir jugando en el patio con la camiseta de Edin Džeko, el ícono al que años después ayudaría a clasificar a su segundo Mundial. “Es una sensación increíble, fue un sueño hecho realidad”, expresó poco después de convertirse en héroe. “Mis padres perdieron a muchos miembros de su familia. Srebrenica es algo que nunca olvidaré. La llevo en la sangre








