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Read moreLa aspirina ocupa un lugar conocido en muchos botiquines y suele asociarse con la prevención de problemas cardíacos. Esa familiaridad, sin embargo, también alimentó una confusión frecuente: creer que puede servir para bajar la presión arterial.
la aspirina no reduce la presión arterial y no debe usarse para tratar la hipertensión. El centro médico también advierte que el consumo regular de este fármaco puede provocar efectos adversos, entre ellos sangrado gastrointestinal.
“Las investigaciones muestran que la aspirina no reduce la presión arterial de manera significativa”. A su vez, añadió: “La gente, por supuesto, quisiera que así fuera, pero la aspirina simplemente no funciona de esa manera como medicamento. No la recomendamos específicamente para bajar la presión arterial”.
El alcance de esa duda ayuda a explicar la atención sobre el tema. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 1 de cada 3 adultos de entre 30 y 79 años vive con hipertensión en el mundo. El organismo también estima que unos 600 millones de personas con presión arterial alta no saben que la tienen, lo que refuerza la importancia de no reemplazar el control médico por soluciones sin respaldo.
la idea de que la aspirina puede ayudar contra la hipertensión surgió de una mezcla de hechos científicos, generalizaciones amplias e investigaciones mal interpretadas.
Una de las razones es que la aspirina influye en sustancias del cuerpo que ayudan a regular los vasos sanguíneos. Como la contracción y la relajación de esos vasos afectan la presión arterial, puede parecer plausible que el fármaco ayude, aunque la fuente aclara que no es así.
También pesa su asociación con la protección frente al infarto. Como actúa como anticoagulante, muchas personas suponen que también baja la presión arterial, pero prevenir coágulos no equivale a tratar la hipertensión.
La aspirina además limita la inflamación, un proceso que puede influir en la presión arterial. Vincular ese efecto antiinflamatorio con el control de la hipertensión, según el centro médico, simplifica en exceso la cuestión.
también menciona estudios limitados sobre aspirina en dosis bajas tomada antes de dormir. Esos trabajos detectaron descensos modestos, pero Laffin indicó que otros estudios no repitieron esos resultados y que la baja no alcanza para marcar una diferencia relevante.
Durante años, los médicos recomendaron una dosis diaria de aspirina después de un infarto o un accidente cerebrovascular por su capacidad para actuar como anticoagulante y prevenir coágulos. Sin embargo, Laffin señaló que esa recomendación cambió.
Las investigaciones más recientes muestran una combinación de beneficios y riesgos del uso diario de aspirina para enfermedades cardíacas. Además, el American College of Cardiology y la American Heart Association ahora respaldan un uso poco frecuente.
“Desde la perspectiva de la prevención primaria, la aspirina ya no suele recomendarse por los riesgos asociados con el sangrado en el tracto gastrointestinal”, resumió Laffin. El centro médico añade otros posibles efectos adversos del consumo diario: lesión renal, lesión hepática, moretones o sangrados inusuales, dolor de cabeza, náuseas y malestar estomacal.
Si la aspirina no es una solución, Cleveland Clinic plantea seis medidas de estilo de vida para controlar la presión arterial. Laffin enumera reducir el sodio, mantener un peso saludable, hacer ejercicio, cuidar la alimentación, dormir lo suficiente y limitar el estrés.
Reducir el sodio figura entre las medidas con efecto más inmediato. Una dieta baja en sodio, como la DASH, puede producir una reducción inmediata e importante de la presión arterial. Sobre ese punto, Laffin sostuvo: “Es una de las medidas más importantes que puede tomar para bajar ese número”.
La institución también señala que perder incluso unos pocos kilos puede tener un gran impacto en la presión arterial y proteger el corazón. Añade que la actividad física fortalece el corazón y le permite bombear sangre con mayor eficiencia, con una referencia de al menos 150 minutos por semana de ejercicio de intensidad moderada.
A eso se suman alimentos ricos en antioxidantes y nutrientes como potasio, selenio, calcio, L-arginina y vitaminas C y E. Dormir entre seis y ocho horas ininterrumpidas por noche y limitar el estrés crónico también forma parte de las medidas descritas. Según Cleveland Clinic, los medicamentos antihipertensivos pueden ayudar a bajar la presión arterial, pero su efecto es menor si no se sostienen cambios de estilo de vida.