La diferencia entre ambas evoluciones se ubicó entre 9,9 y casi 16 puntos porcentuales, dependiendo de las características de cada hogar. El relevamiento contempló los gastos destinados a alimentación, servicios, salud y vivienda y tomó como referencia distintas situaciones de personas mayores que viven en la Ciudad.
El impacto fue particularmente fuerte en algunos rubros. El transporte acumuló un aumento del 96,8% durante el período analizado, mientras que los servicios públicos, que incluyen agua, gas y electricidad, registraron una suba cercana al 95%.
También se produjeron incrementos importantes en otros gastos habituales. Las telecomunicaciones y la televisión por cable aumentaron en promedio 47%, los alimentos subieron 37% y los alquileres tuvieron una variación del 32%.
El fuerte encarecimiento del transporte y de los servicios modificó el peso que cada gasto tiene dentro del presupuesto de los hogares integrados por adultos mayores. En el caso de las mujeres mayores de 75 años que viven solas, los servicios básicos pasaron a representar el 40,2% de sus ingresos, por encima de la proporción destinada a alimentos, que alcanzó el 28,2%.
La situación se vuelve todavía más exigente para quienes deben pagar un alquiler. En esos hogares, más de la mitad del presupuesto mensual queda destinado a bienes y servicios básicos, incluyendo el costo de la vivienda.
El escenario afecta a una población significativa dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Según el Censo 2022, las personas mayores de 65 años representan el 17% de la población porteña.
A esto se suma la situación previsional de una parte importante del sector. Cerca del 40% de los jubilados accedió al sistema mediante moratorias y percibe el haber mínimo. Este fenómeno tiene una incidencia mayor entre las mujeres.
En el conjunto del país, además, los ingresos previsionales también muestran niveles bajos. En junio de 2026, aproximadamente el 34% de los jubilados que no habían accedido mediante moratorias cobraba menos de $500.000.
La evolución de los gastos frente a los haberes deja así una brecha creciente para los adultos mayores, especialmente en los hogares que deben afrontar alquileres o mayores costos asociados a servicios y cobertura de salud.








