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cuáles son las claves para reconocer un ataque de pánico

12 agosto, 2026
in Salud
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 el doctor Daniel López Rosetti definió el ataque de pánico como un episodio de miedo o malestar intenso que irrumpe de manera brusca y alcanza su máxima expresión en pocos minutos, según los criterios del DSM-5, el manual de enfermedades psiquiátricas.

el especialista aclaró desde el inicio que ataque de pánico no es un término coloquial, sino una entidad médica reconocida y clasificada en la psiquiatría moderna.

“Es un episodio de miedo muy intenso que aparece de un momento a otro, sin antecedentes que permitan anticiparlo, y que alcanza su máxima intensidad en dos, tres, cinco minutos; puede durar 10 o 15, y luego disminuye”, puntualizó López Rosetti.

El especialista recordó que el término tiene raíces mitológicas: “Los griegos tenían el dios Pan. Cuando era molestado, emitía un grito enorme que generaba miedo en la gente. De ahí viene la palabra ‘pánico’”. Este cuadro, explicó, está recogido en el DSM-5 como un episodio brusco y autolimitado, caracterizado por un miedo extremo y síntomas físicos notables.

López Rosetti precisó: “En el cerebro, cuando se produce el ataque de pánico, el área cortical interpreta que lo que está pasando es enormemente peligroso y dispara la reacción”. La descripción coincide con el relato de un oyente: “Pensé que me moría en la calle”.

El médico subrayó que este sentimiento de muerte inminente es central al cuadro: “La persona cree que va a morir. Llega muchas veces a la guardia convencida de que está sufriendo un infarto”. Por eso, aunque haya experiencia clínica, “siempre hay que hacer un electrocardiograma, para descartar un evento cardíaco real”.

El conductor retomó el caso del oyente, a quien los médicos le informaron que no tenía nada físico. López Rosetti aclaró: “No tuvo un infarto agudo de miocardio, ni un accidente cerebrovascular, ni un aneurisma de aorta. Pero sí tuvo un ataque de pánico, que es un trastorno de ansiedad”.

El especialista enumeró los signos más frecuentes: “Taquicardia, hiperventilación, náuseas, vómitos, dolor abdominal, sudoración, temblores, mareos, hormigueo, sensación de desmayo y, sobre todo, sensación de muerte inminente”. Explicó que la hiperventilación, lejos de ser un recurso útil, puede agravar el cuadro: “Respirar en una bolsa no hay que hacerlo, porque se acumula el anhídrido carbónico y eso empeora los síntomas”.

Durante el episodio, el cerebro activa varias regiones: “La amígdala es la central de alarma, dispara la reacción de pánico. El tronco cerebral manda señales a todo el cuerpo para que reaccione. La ínsula es la que te hace sentir físicamente el miedo”. Los pacientes describen sensaciones intensas de irrealidad: “Muchos cuentan que sienten que no son ellos, que no tienen control, que están fuera de sí. Hay una sensación de desrealización y despersonalización”.

El ataque de pánico raramente dura más de 15 minutos y no deja secuelas físicas. “Afortunadamente, nadie muere de esto y se debe tratar”

El doctor hizo una distinción central: “Si después de un primer episodio, el ataque se repite y se vuelve una situación recurrente, ya se llama trastorno de pánico”. En esos casos, además del miedo agudo, aparece otro fenómeno: “La persona empieza a tener miedo de tener miedo, miedo de que se repita. Eso condiciona la vida, genera conductas evitativas: dejar de viajar, evitar ascensores, cambiar hábitos por temor a que vuelva el ataque”.

El trastorno de pánico, explicó, es una entidad nosológica propia y forma parte de los llamados “trastornos de ansiedad”, un capítulo amplio que incluye la ansiedad generalizada, las fobias y el trastorno obsesivo-compulsivo.

“El ataque de ansiedad en sí mismo no existe como término médico. Lo que existe es el capítulo de los trastornos de ansiedad”.

La agorafobia puede asociarse al trastorno de pánico: “Es el miedo a no poder recibir ayuda. Por ejemplo, una persona puede sentir agorafobia en una cancha de fútbol o en un recital, donde teme no poder ser auxiliada si le ocurre una crisis”.

López Rosetti fue claro respecto de la intervención: “Ambos cuadros requieren tratamiento. La buena noticia es que, con psicoterapia y, si es necesario, medicación, tienen muy buen pronóstico”. El abordaje es interdisciplinario y apunta a desactivar la reacción cerebral desproporcionada ante estímulos que no implican peligro real.

El médico recomendó consultar ante cualquier episodio de miedo intenso que se acompañe de síntomas físicos. “Siempre hay que descartar causas orgánicas, pero una vez hecho el diagnóstico, el tratamiento es muy efectivo”.

El especialista también alertó sobre prácticas erróneas: “No hay que hacer que la persona respire en una bolsa. Eso puede empeorar la hiperventilación. Lo correcto es tranquilizar, acompañar y buscar atención médica”.

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el especialista aclaró desde el inicio que ataque de pánico no es un término coloquial, sino una entidad médica reconocida y clasificada en la psiquiatría moderna.

“Es un episodio de miedo muy intenso que aparece de un momento a otro, sin antecedentes que permitan anticiparlo, y que alcanza su máxima intensidad en dos, tres, cinco minutos; puede durar 10 o 15, y luego disminuye”, puntualizó López Rosetti.

El especialista recordó que el término tiene raíces mitológicas: “Los griegos tenían el dios Pan. Cuando era molestado, emitía un grito enorme que generaba miedo en la gente. De ahí viene la palabra ‘pánico’”. Este cuadro, explicó, está recogido en el DSM-5 como un episodio brusco y autolimitado, caracterizado por un miedo extremo y síntomas físicos notables.

López Rosetti precisó: “En el cerebro, cuando se produce el ataque de pánico, el área cortical interpreta que lo que está pasando es enormemente peligroso y dispara la reacción”. La descripción coincide con el relato de un oyente: “Pensé que me moría en la calle”.

El médico subrayó que este sentimiento de muerte inminente es central al cuadro: “La persona cree que va a morir. Llega muchas veces a la guardia convencida de que está sufriendo un infarto”. Por eso, aunque haya experiencia clínica, “siempre hay que hacer un electrocardiograma, para descartar un evento cardíaco real”.

El conductor retomó el caso del oyente, a quien los médicos le informaron que no tenía nada físico. López Rosetti aclaró: “No tuvo un infarto agudo de miocardio, ni un accidente cerebrovascular, ni un aneurisma de aorta. Pero sí tuvo un ataque de pánico, que es un trastorno de ansiedad”.

El especialista enumeró los signos más frecuentes: “Taquicardia, hiperventilación, náuseas, vómitos, dolor abdominal, sudoración, temblores, mareos, hormigueo, sensación de desmayo y, sobre todo, sensación de muerte inminente”. Explicó que la hiperventilación, lejos de ser un recurso útil, puede agravar el cuadro: “Respirar en una bolsa no hay que hacerlo, porque se acumula el anhídrido carbónico y eso empeora los síntomas”.

Durante el episodio, el cerebro activa varias regiones: “La amígdala es la central de alarma, dispara la reacción de pánico. El tronco cerebral manda señales a todo el cuerpo para que reaccione. La ínsula es la que te hace sentir físicamente el miedo”. Los pacientes describen sensaciones intensas de irrealidad: “Muchos cuentan que sienten que no son ellos, que no tienen control, que están fuera de sí. Hay una sensación de desrealización y despersonalización”.

El ataque de pánico raramente dura más de 15 minutos y no deja secuelas físicas. “Afortunadamente, nadie muere de esto y se debe tratar”

El doctor hizo una distinción central: “Si después de un primer episodio, el ataque se repite y se vuelve una situación recurrente, ya se llama trastorno de pánico”. En esos casos, además del miedo agudo, aparece otro fenómeno: “La persona empieza a tener miedo de tener miedo, miedo de que se repita. Eso condiciona la vida, genera conductas evitativas: dejar de viajar, evitar ascensores, cambiar hábitos por temor a que vuelva el ataque”.

El trastorno de pánico, explicó, es una entidad nosológica propia y forma parte de los llamados “trastornos de ansiedad”, un capítulo amplio que incluye la ansiedad generalizada, las fobias y el trastorno obsesivo-compulsivo.

“El ataque de ansiedad en sí mismo no existe como término médico. Lo que existe es el capítulo de los trastornos de ansiedad”.

La agorafobia puede asociarse al trastorno de pánico: “Es el miedo a no poder recibir ayuda. Por ejemplo, una persona puede sentir agorafobia en una cancha de fútbol o en un recital, donde teme no poder ser auxiliada si le ocurre una crisis”.

López Rosetti fue claro respecto de la intervención: “Ambos cuadros requieren tratamiento. La buena noticia es que, con psicoterapia y, si es necesario, medicación, tienen muy buen pronóstico”. El abordaje es interdisciplinario y apunta a desactivar la reacción cerebral desproporcionada ante estímulos que no implican peligro real.

El médico recomendó consultar ante cualquier episodio de miedo intenso que se acompañe de síntomas físicos. “Siempre hay que descartar causas orgánicas, pero una vez hecho el diagnóstico, el tratamiento es muy efectivo”.

El especialista también alertó sobre prácticas erróneas: “No hay que hacer que la persona respire en una bolsa. Eso puede empeorar la hiperventilación. Lo correcto es tranquilizar, acompañar y buscar atención médica”.

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