Alex Zsoldos, fundadora de First Dance Charlotte, un estudio boutique establecido en su hogar de Charlotte, Carolina del Norte, señaló que la demanda de estas sesiones ha ido en aumento. Desde el inicio de su negocio en 2014, Zsoldos, de 39 años, ha observado un creciente interés por las coreografías de bodas específicas para padres e hijas. Tradicionalmente, crea rutinas para cinco o seis parejas anualmente, pero este año ya ha coreografiado 16.
El incremento en la participación se debe, según ella, a un deseo de conexión emocional y al avance tecnológico. “Más padres quieren tener momentos de vínculo con sus hijas”, indicó. “Son conscientes de que pueden hacer algo especial en lugar de simplemente mecerse de un lado a otro”.
“Además, están más familiarizados con la tecnología”, agregó. “Observan bailes en YouTube, Instagram y TikTok, y me envían videos que les gustan”.
Zsoldos, que se formó como instructora de baile en Virginia Occidental y estudió en Davidson College, comenzó su carrera profesional en DanceSport Carolina, un estudio de baile en Stallings, Carolina del Norte. “En mi primer mes, me asignaron a una pareja de novios y coreografié un baile especial para ellos”, rememoró Zsoldos, quien reside en Charlotte con su esposo, Jordan Kvanvig, y sus dos hijos. “Ayudarlos a expresar su amor a través del baile fue una experiencia artística muy emotiva”.
Después de estar solo nueve meses en ese trabajo, decidió emprender, creando un sitio web que rápidamente generó un flujo de consultas tanto de parejas como de sus padres.
Zsoldos compartió su perspectiva sobre la transformación del baile entre padre e hija, las coreografías que se están volviendo populares y las canciones más solicitadas.
Esta conversación ha sido editada y resumida.
– ¿Cómo se diferencia el baile entre padre e hija del primer baile de la pareja?
– El primer baile suele ser un homenaje al amor de la pareja, a menudo romántico o enérgico, y dura entre dos a tres minutos. En cambio, el baile entre padre e hija es una expresión de nostalgia y un tributo a la relación, cuya duración es de aproximadamente 90 segundos. Es una de las pocas ocasiones en que se da la oportunidad de bailar con el padre.
– ¿Quiénes son sus clientes?
– Mis padres suelen ser locales, lo que facilita la coordinación. A veces vienen de otras partes del país, incluso llegan a volar hasta aquí. Generalmente, los padres son de 60 a 70 años —la tendencia actual es que las personas se casen más tarde.
– ¿Qué canción eligen más habitualmente los padres?
– “My Girl” de los Temptations es la favorita. Seis de las 16 parejas que este año la eligieron. Tiene un buen ritmo y un final natural. Es una melodía conocida; las bandas la tocan con facilidad. Su mensaje sentimental expresa todo lo que un padre quisiera decir.
– ¿Cuáles son otras elecciones acertadas en canciones?
– Hay tres categorías populares: canciones de consejos, como “Forever Young” de Rod Stewart, que refleja deseos y sentimientos profundos; canciones de promesa, como “I’ll Be There” de los Jackson 5, “Here for You” de Neil Young y “Lean on Me” de Bill Withers; y las que transmiten amor incondicional, como “In My Life” de los Beatles, “You’ll Be in My Heart” de Phil Collins y “You’ve Got a Friend” de James Taylor.
– ¿Qué pasos suelen incluir en un baile típico de padre e hija?
– Comenzamos con un baile lento o un suave mecer, permitiendo que ambos se liberen de los nervios y disfruten de ese momento. Incluimos giros para resaltar partes importantes de la música, particularmente al acercarse al estribillo. Los giros son visualmente atractivos, sencillos de realizar y además aportan a la conexión emocional, recordando momentos de la infancia. Generalmente incorporamos un paso básico de caja y un final llamativo, como movimientos de swing o una caminata más sentimental.
– ¿Su labor va más allá de solo enseñar pasos?
– Me veo como una animadora; a veces también actúo como terapeuta. Busco pasos que sean hermosos y fáciles de aprender, adaptados a la canción que me proporcionan al reservar la lección, usualmente entre seis meses y tres semanas antes de la boda. La canción inspira los pasos, y también les enseñamos a capturar las mejores fotos durante el baile.
– ¿Qué tiene más peso, las lecciones o el propio baile?
– El baile tiene su importancia y recibe los aplausos, pero los padres valoran profundamente las lecciones porque el tiempo a solas y la experiencia compartida con sus hijas son inolvidables. Eso no ocurre como antes. Es un momento especial de conexión.
Se trata de recordar momentos, ver a su hija como una niña y reconocer a la mujer que ha llegado a ser. Muchas veces, los padres se emocionan y han llegado a llorar durante las lecciones, lo que resulta sumamente conmovedor.
– Usted ofrece tutoriales gratuitos en línea al inscribirse en clases. ¿Cuál es la razón detrás de esto?
– Los tutoriales ayudan a reducir la cantidad de visitas necesarias a mi estudio, ofreciendo a todos una base común de pasos. Cada paquete de lecciones incluye de 10 a 15 tutoriales en video, de uno a dos minutos cada uno, con coreografías para canciones específicas. También hay tutoriales que enseñan los fundamentos básicos del baile social. Una lección privada de una hora cuesta 299 dólares, y 899 por cinco lecciones.
Durante las lecciones, esos pasos se fusionan para crear una coreografía personalizada para la canción elegida. Los demuestro y les guío a lo largo de los pasos, pudiendo bailar junto a ellos para que sientan los movimientos. El objetivo es finalizar la lección con un baile completo, solo necesitan practicar. Al final de cada sesión, grabo a las parejas mientras nombro los pasos en sus teléfonos para que tengan una referencia para ensayar.
– ¿Qué tendencias se observan en los bailes de padre e hija?
Cada vez son más populares las mezclas o bailes sorpresa, que combinan varias canciones de 15 a 30 segundos. Estas suelen abarcar distintas décadas y poseen un significado personal entre padre e hija, siendo más animadas y optimistas, con melodías como “September” de Earth, Wind & Fire, o “Stayin Alive” de los Bee Gees. Generalmente, finalizan en una nota alta, lo que impulsa a los invitados a unirse a la celebración.








