Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el índice general de salarios aumentó 2,9% en junio respecto de mayo y acumuló una suba del 35,7% interanual. En los primeros seis meses del año, el incremento fue del 18,5%, frente a una inflación acumulada del 16,8%. De esta manera, el salario promedio registró una mejora real de 1,7 puntos porcentuales durante el semestre.
La evolución salarial cambió respecto del período inicial de la gestión de Javier Milei, cuando la aceleración de los precios provocó una fuerte pérdida del poder adquisitivo. Con la posterior desaceleración de la inflación, las negociaciones salariales comenzaron a recuperar parte de ese terreno, aunque con resultados diferentes según el tipo de trabajador.
Entre los empleados privados registrados, los salarios aumentaron 1,9% en junio y acumularon una suba del 14,5% durante el primer semestre. El resultado quedó por debajo del 16,8% de inflación registrado en el mismo período. En la comparación interanual, este segmento tuvo un incremento del 29,6%, frente a una inflación del 33,5%, por lo que todavía no logró recuperar completamente el poder adquisitivo perdido frente a los precios.
En el sector público, los ingresos avanzaron 3,4% en junio y acumularon un aumento del 17,6% entre enero y junio, apenas por encima de la inflación. Dentro de este grupo también existen diferencias según la jurisdicción: el salario del sector público nacional acumuló una suba del 13,7%, mientras que el provincial registró un incremento del 16,4%.
El mayor aumento correspondió a los trabajadores privados no registrados. Sus ingresos crecieron 4,4% en junio y acumularon una mejora del 29,4% en el primer semestre, prácticamente el doble del incremento registrado entre los trabajadores privados registrados. En términos interanuales, el aumento alcanzó el 59,5%.
Sin embargo, la evolución de los ingresos no implica necesariamente una mejora equivalente en las condiciones laborales de los trabajadores no registrados. El índice de salarios mide únicamente la variación de los ingresos y no contempla aspectos como la estabilidad laboral, la cobertura de salud, los aportes jubilatorios, las vacaciones, el aguinaldo o las indemnizaciones. Además, la medición de este segmento presenta un rezago metodológico de cinco meses.
Esta diferencia entre los distintos grupos ayuda a explicar por qué la recuperación económica puede ser percibida de manera diferente. Aunque el promedio de los salarios comenzó a crecer por encima de la inflación durante 2026, una parte de los trabajadores todavía no recuperó el poder adquisitivo perdido en períodos anteriores.
Los datos sobre los ingresos de los hogares también muestran una distribución desigual. Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso total de la población aumentó 35,6% interanual y alcanzó un promedio per cápita de $728.008. Al mismo tiempo, el coeficiente de Gini pasó de 0,435 a 0,442, lo que refleja una mayor desigualdad en la distribución de los ingresos.
En este contexto, la diferencia entre salario nominal y poder adquisitivo resulta central. Un aumento salarial del 30%, 40% o 60% no representa necesariamente una mejora equivalente en el nivel de vida, ya que su impacto depende de la evolución de los precios durante el mismo período.
La desaceleración de la inflación adquiere así un papel determinante junto con las negociaciones salariales. Cuando el ritmo de aumento de los precios disminuye, los incrementos de ingresos tienen mayores posibilidades de traducirse en una recuperación efectiva del poder adquisitivo.
El balance de los primeros seis meses de 2026 muestra, de esta manera, una recuperación parcial y desigual. Los trabajadores privados registrados permanecen por debajo de la inflación anual, el sector público apenas consigue superarla y los empleados privados no registrados presentan el mayor incremento nominal. En tanto, por primera vez en varios meses, el promedio general de los salarios logró crecer por encima de los precios.
Esta evolución se produce mientras persisten otros indicadores negativos en la economía, entre ellos la caída del consumo, la pérdida de empleo en la industria y el cierre de empresas. El desafío para los próximos meses será que la recuperación de los ingresos alcance a los distintos sectores y pueda acompañarse de una mejora del empleo formal, del consumo y de la distribución de los ingresos.








