Según el último Informe Monetario diario del Banco Central, al 21 de agosto los depósitos a plazo ajustables por CER/UVA alcanzaron un saldo de $1.706.392 millones. La cifra representa un aumento del 1,2% respecto del mes anterior y del 308,4% en comparación con el mismo período del año pasado.
El repunte se produjo después de una leve caída registrada el mes anterior y coincidió con un escenario en el que las alternativas tradicionales de inversión en pesos perdieron parte de su atractivo frente a la inflación. Al 25 de agosto, la Tasa Nominal Anual (TNA) adicional de los plazos fijos UVA se ubicaba en 0,16%, a la que se suma la actualización correspondiente a la inflación.
Durante 2025, la desaceleración de los precios y las tasas nominales relativamente elevadas habían favorecido a los plazos fijos tradicionales de corto plazo. En ese período, las colocaciones tradicionales llegaron a ofrecer rendimientos cercanos al 3% mensual, mientras que la inflación rondaba el 2,5% mensual. A esto se sumaba que los plazos fijos UVA requerían entonces una permanencia mínima de 180 días y tenían restricciones para la precancelación.
Durante este año, el escenario cambió. La inflación dejó de ubicarse por debajo del 2% mensual y los rendimientos de las colocaciones tradicionales se redujeron hasta niveles cercanos al 2,2% mensual. Esto llevó a algunos ahorristas a buscar instrumentos indexados para evitar que el rendimiento en pesos quedara por debajo de la evolución de los precios.
Otro factor que impulsó el crecimiento fue la flexibilización de las condiciones de los plazos fijos UVA. En particular, comenzó a ofrecerse una alternativa con condiciones más flexibles y acreditación mensual de intereses, mientras que algunas opciones incorporaron mecanismos de cancelación anticipada.
A pesar del fuerte crecimiento registrado durante el año, los depósitos UVA todavía representan una proporción reducida del total de colocaciones del sistema bancario. Una de las razones es que se trata de instrumentos orientados a horizontes más largos: los plazos fijos tradicionales suelen constituirse a 30 días, mientras que los UVA requieren, en general, un mínimo de 90 días, salvo que cuenten con la posibilidad de precancelación.
Los plazos fijos tradicionales también crecieron durante 2026, aunque a un ritmo considerablemente menor. Al 21 de agosto, el saldo alcanzó los $89.759.239 millones, con una suba mensual del 3,3% y un incremento del 5,7% en los últimos 30 días. En lo que va del año acumulan un crecimiento del 39,1%, mientras que la variación interanual llegó al 40,4%.
En las últimas semanas, además, las tasas de los instrumentos tradicionales comenzaron a recuperar atractivo. La TAMAR, que refleja el promedio de los rendimientos ofrecidos por bancos privados, pasó de alrededor del 23% TNA a fines de julio a niveles cercanos al 25%.
Actualmente, las opciones de plazo fijo a 30 días presentan tasas que oscilan entre el 16% y el 24%, con un promedio cercano al 1,7% mensual. Ese rendimiento se encuentra próximo a la inflación mensual, cuyas proyecciones privadas se ubican por debajo del 2%.








