El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, adoptaron medidas para contener la presión cambiaria. El dólar mayorista encontró un límite en torno a los $1.500, nivel que las autoridades buscan evitar que sea superado. La estrategia, sin embargo, contribuyó a elevar las tasas en pesos y generó preocupación por su impacto sobre el crédito y la actividad.
El principal dilema pasa por definir hasta qué punto se prioriza la estabilidad cambiaria frente al costo de mantener elevadas las tasas. En ese contexto, el Gobierno combina herramientas para contener el dólar y absorber pesos, mientras sectores como el comercio, la industria y la construcción muestran señales de debilidad.
En los últimos días, el Tesoro vendió dólares a un valor apenas inferior a los $1.500 para reducir la volatilidad y evitar presiones adicionales sobre la inflación. A esta estrategia se suman instrumentos de cobertura por unos US$11.000 millones, principalmente vinculados al dólar y operaciones de futuros.
La expansión del crédito aparece como uno de los factores necesarios para sostener la actividad, pero enfrenta el aumento de la morosidad de las familias y el encarecimiento de los préstamos. La irregularidad del crédito familiar, después de 19 meses consecutivos de aumento, bajó levemente en junio, de 12,8% a 12,7%.
La próxima licitación de deuda será otro punto relevante. Este miércoles vencen $4,5 billones concentrados en Lecap de agosto en manos privadas. Una renovación inferior al total permitiría al Tesoro inyectar liquidez y podría aliviar las tasas de corto plazo, aunque también existe el interrogante de si una mayor cantidad de pesos sería compatible con el objetivo de mantener el dólar por debajo de los $1.500.
Durante la última semana, el Banco Central vendió alrededor de US$391 millones en instrumentos vinculados al dólar y realizó compras de divisas a un ritmo reducido. Mientras tanto, las tasas en pesos comenzaron a subir después de varios meses de descenso. Los tramos largos llegaron hasta niveles cercanos al 29%, mientras que la curva CER también registró un fuerte aumento de las tasas reales.
Entre los factores que explican el movimiento aparecen el incremento del stock de deuda, la reducción de las operaciones de corto plazo del Banco Central, el menor ritmo de compras de dólares y la falta de reinyección al mercado del excedente obtenido en la última licitación.
La menor liquidez también impactó sobre el crédito. El diferencial entre las tasas activas y pasivas alcanzó 2,8 veces, el nivel más elevado en 14 años, mientras que los préstamos al sector privado acumulan cinco meses consecutivos de caída en términos reales.
La base monetaria aumentó apenas $0,48 billones en julio y acumula $3,2 billones de crecimiento en el año, equivalente al 0,3% del PBI nominal proyectado. A su vez, el circulante real cayó 2,7% mensual y 8,7% interanual durante julio.
Una eventual flexibilización de los encajes podría favorecer el crédito y aportar liquidez a la economía, aunque también podría generar nuevas presiones sobre el tipo de cambio. Por eso, el Gobierno enfrenta una tensión entre sostener los pesos necesarios para la recuperación de la actividad y evitar que esa liquidez vuelva a presionar sobre el dólar.
El comportamiento del tipo de cambio, las tasas de interés y la cantidad de pesos en circulación se mantiene así como uno de los principales desafíos de la política económica de cara a los próximos meses.







