El destino parece inalterable; la vida se desarrolla en ciclos, y la niñez deja huellas indelebles en las personas. Eso fue lo que ocurrió con Carmen. A pesar de que su camino en el boxeo parecía estar escrito, ella no lo percibía. “Nunca pensé en ser boxeadora. Pero de chica siempre miraba boxeo porque teníamos un televisor que agarraba bien Canal 2 que pasaba peleas todos los fines de semana”, recordó, según se relata en el libro “Abran paso: 20 años de boxeo femenino en Argentina” de Irene Deserti y Yesica Palmetta.
A los 31 años, Carmen decidió tomar las riendas de su destino. Su punto de partida fue un gimnasio de barrio que luchaba por sobrevivir. Aunque al principio iba a hacer ejercicios con pesas, su situación económica le impidió continuar con la cuota del gimnasio. Fue entonces que el propietario le sugirió que podría trabajar en la rehabilitación de adultos mayores a cambio de poder entrenar.
Carmen aceptó y, poco después, descubrió su verdadera pasión. “Voy a la parte de arriba del gimnasio, vi las bolsas de boxeo colgadas y le empecé a pegar a mi forma. Cuando sonó el minuto de descanso salió el profesor, me moría de vergüenza. El tipo me dijo que si me animaba me enseñaba”, recordó en el libro. Así, el designio de su vida se revelaba.
La lucha por ganar respeto en un mundo que subestimaba a las mujeres en el boxeo fue ardua. “Empecé a entrenar, pero pasaron cinco meses y sentía que no avanzaba. El boxeo en ese momento no estaba preparado para la mujer. Un tipo dijo que yo pegaba fuerte y me podían hacer pelear, pero mi entrenador dijo que no porque yo no sabía ni pararme”, confesó con nostalgia. La Guapa enfrentó numerosas barreras en un deporte que en ese entonces excluía a las mujeres.
Finalmente, tras 22 peleas en el ámbito amateur, su momento llegó: el 28 de noviembre de 2001, la FAB le concedió la licencia profesional, convirtiéndola en la segunda mujer en recibirla, siendo la primera Marcela La Tigresa Acuña.
Su debut profesional se produjo en marzo de 2002, enfrentándose a Acuña, quien se llevó la victoria. Posteriormente, Montiel se encontró en el ring con otras boxeadoras prominentes, incluida Locomotora Oliveras, con quien peleó en dos oportunidades, mencionando: “Peleamos en 2005 y 2008. La última fue cuando logré tirarla. Para la primera, meses antes, estaba más para colgar los guantes. Estaba muy enojada y triste porque sentía que no me valoraban como boxeadora”.
La carrera profesional de Carmen se extendió hasta diciembre de 2009, cuando perdió ante Cinthia González en el club Juvencia de Tapiales. A lo largo de su trayectoria, también se enfrentó a destacadas deportistas como Betina Garino, Claudia López y Yésica Patricia Marcos.
A pesar de haber dejado una huella en el boxeo argentino, muchas mujeres como Carmen son recordadas con dificultad. “Estaba sola en el mundo, sin apoyo y vivía en una casa sin luz y sin ventanas en la que corría riesgos todos los días. Su motivación eran sus animales y por ellos salía a trabajar”, compartió la recordada Alejandra Locomotora Oliveras.
La noche del 21 de agosto de 2022 marcó el final de la vida de La Guapa. A los 57 años, un accidente con una estufa conectada a una garrafa provocó un incendio en su vivienda. Ni ella ni sus mascotas lograron escapar.








