Durante su formación en Jardín de Rock, un taller en la capital sanjuanina destinado a estudiantes de primaria, las cuatro amigas optaron por crear su propia banda, a la que llamaron “Gatas Vampiras”, inspiradas en un gato negro de colmillos largos que decoraba su salón. Desde 2024, han llevado su energía a diversos escenarios regionales, interpretando un repertorio que abarca desde Cris Morena hasta Queen y The Clash.
El inesperado ascenso en redes comenzó tras una de sus presentaciones en un evento organizado por su escuela. Un video de las chicas en acción se volvió viral en la plataforma X, capturando la atención de usuarios impresionados por su juventud y carisma en el escenario. “Nos pusimos todas muy contentas con ese video. Después de que se hizo viral, enseguida se quisieron sumar más amigas a tocar”, recuerda Sofía, quien es la guitarrista del grupo.
“Nuestra profesora nos dijo que formáramos una banda, pero no me animé. Cuando supe que mis amigas iban a participar, decidí unirme”, expone Roma, la baterista. Ella guarda un especial recuerdo de cuando recibió una batería como regalo de Navidad a los seis años, lo que despertó su pasión por el ritmo y la energía del rock.
Para el grupo, lo más gratificante de ser parte de una banda es disfrutar de la compañía mutua. “Lo que más me gusta es jugar con mis compañeras cuando tocamos y ensayamos”, dice Amapola, la vocalista. Aunque actualmente solo realizan versiones de otras canciones, las amigas sueñan con escribir temas que las representen. “Me encantaría crear canciones sobre la magia, porque siempre estamos soñando juntas”, resalta la cantante.
En sus conciertos, la combinación de la energía del rock con las risas y espontaneidad de su edad es palpable. En ocasiones, incluso alteran las letras de las canciones para incluir chistes que surgen durante los ensayos. “Cuando estamos en el escenario me siento muy emocionada. Aunque nos equivoquemos, sabemos que no pasa nada y que podemos mejorar. Hay que animarse, nadie te va a señalar por hacer las cosas mal”, comenta Roma.
Aunque su juventud no les impide soñar con un gran futuro, anhelan recorrer el país con su música y seguir aprendiendo. También buscan definir el sonido que las identifique. Por ahora, disfrutan de aprender nuevas canciones, compartir escenarios y explorar diversos instrumentos y estilos. “Lo más importante es pasarla bien, porque si no disfrutas, la música pierde sentido”, asegura Sofía, quien desea mezclar la esencia de sus ídolos del rock, como Luis Alberto Spinetta, con la alegría de la música pop.
Sin embargo, la historia de Gatas Vampiras comenzó antes de que alcanzaran la fama en Internet. Jardín de Rock se estableció como un espacio de exploración musical para niños durante la pandemia. Allí, no solo aprenden a tocar instrumentos, sino que también forman bandas y practican el trabajo en equipo.
“Primero ellos exploran. Algunos son más de percusión, otros de cuerdas o voz; y desde ahí, trabajamos en el ensamble con un enfoque roquero”, comenta Florencia Tommasini, la directora del espacio, que recibe a niños de hasta 12 años. Gatas Vampiras es una de las 13 bandas en este taller, y debido a la creciente demanda, la docente ha tenido que abrir presentaciones al público más de una vez. “Hay chicos que aún no tienen idea de lo que son capaces de lograr”, asegura.
La profesora también valora los instrumentos como una alternativa enriquecedora ante el consumo digital acelerado. “La tecnología puede entorpecer el pensamiento, no sabemos ni resolver un problema. Los niños a menudo cometen errores de ortografía graves y les cuesta crear”, manifiesta con preocupación.
“Aquí desarrollan habilidades de conversación, paciencia y concentración. Mis alumnos saben que ser una estrella de rock no solo implica estar en el escenario: hay que estudiar, manejar bien los instrumentos y tener memoria”, añade. Las horas de clases se complementan con risas y juegos: mientras dominan la técnica musical, también aprenden sobre la colaboración y el respeto hacia las ideas ajenas. Hay dos reglas fundamentales en este espacio: no romper nada y trabajar siempre con un metrónomo para comprender a fondo los sonidos que interpretan.
Tanto la docente como sus alumnos coinciden en que el rock es el sonido predominante en las calles de San Juan. “Los niños me transmiten una energía limpia. Los traumas y miedos son parte de la infancia, una etapa esencial”, concluye la intérprete.
Por el momento, Gatas Vampiras no parece tener límite más allá del que se permitan soñar. Entre juegos y presentaciones, las cuatro amigas encuentran en la música una vía para crecer juntas y atreverse a experimentar. Aunque aún no saben hasta dónde puede llevarlas su banda, no están apuradas por descubrirlo. Para ellas, el verdadero objetivo radica en seguir tocando, apoyándose mutuamente y, sobre todo, disfrutando del rock que las ha unido desde siempre.







