Su mensaje, inicialmente publicado en Instagram, fue posteriormente restringido a un perfil privado tras volverse viral.
“Este año pasé días enteros con psicólogos, psiquiatras y abogados. Días en los que mi vida parecía haberse descompuesto entre consultorios y expedientes. Días donde otros hablaban de mí mientras apenas podía levantarme de la cama”, comenzaba su relato.
Leclercq continuó expresando: “Me hice más creyente, más artista; escribí de manera descontrolada, reflexioné mucho, aunque no siempre de forma positiva. Cometí más errores que nunca y aprendí en igual medida; volví a enamorarme; abracé muchos perros y acaricié a todos los gatos que encontré; perdí amistades, pero las que permanecieron tienen hoy un valor incalculable. Extrañé a una persona y la soñé cada noche, y tras reflexionar tanto sobre ello, sigo sin comprender cómo sucedió lo que ocurrió”, refiriéndose a una situación personal sin dar detalles específicos.
El mensaje incluyó fotografías personales junto a amigos. Posteriormente, Leclercq compartió que se obsesionó con el yoga y consideró seguir el camino de su abuela, quien se mudó a la India y se reinventó como monja budista. “No acepté que el relato más negativo sobre mí fuera el último. Me llamaron tantas cosas que incluso mi nombre dejó de ser mío”, declaró.
En su testimonio, mencionó que “antes, Chantal Leclercq aparecía en guardapolvos, exámenes, historias clínicas. Estudié por años para aprender ese extraño oficio de preservar la vida de otros. Pero, de la nada, la peligrosa era yo. Me río de esto porque hubo un momento en el que reírme fue de las pocas cosas que no pudieron quitarme”.
Leclercq está siendo investigada por la presunta sustracción de propofol en el Hospital Rivadavia. El proceso judicial busca aclarar si realmente hubo un robo de medicamentos anestésicos y esclarecer responsabilidades involucradas.
Además, actúa como testigo en una causa que tiene como imputados a su colega Delfina “Fini” Lanusse y al anestesiólogo Hernán Boveri, formalmente procesados por el robo de fármacos como propofol y fentanilo del Hospital Italiano, donde ambos prestaban servicios.
El caso cobró notoriedad tras la muerte de Alejandro Zalazar, hallado sin vida en su departamento de Palermo en febrero, junto a frascos de fentanilo y propofol, cuya procedencia podría rastrearse hasta el Hospital Italiano. Simultáneamente, esta institución presentó una denuncia formal por el robo de medicamentos.
Lanusse, residente de tercer año, trabajaba junto a Boveri en el Hospital Italiano, del cual se habrían extraído sustancias destinadas a uso hospitalario con fines recreativos. Egresada de la Universidad Austral, en su perfil de Linkedin menciona una rotación práctica en anestesiología en dicha universidad entre 2021 y 2023, con más de 500 horas de observación y apoyo a anestesiólogos en procedimientos quirúrgicos.
Leclercq fue compañera de Lanusse en la Universidad Austral, donde ambas cursaron la carrera de medicina. En una denuncia presentada el 9 de marzo por la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), se registró que Leclercq había admitido durante una entrevista haber consumido propofol, ketamina, fentanilo y midazolam, obtenidos en el Hospital Rivadavia, aunque aclaró que su consumo se llevó a cabo fuera del ámbito laboral.
Ante el jefe del servicio en su hospital, el Dr. Manuel Carcar, reconoció haber consumido propofol en “una oportunidad” junto a Zalazar, indicando además que esta problemática de consumo se inició en septiembre de 2025. También mencionó que había compartido consumo de “cocaína y micropunto” con Lanusse durante un viaje a Colombia en enero.








