Una simple respuesta de “estoy bien” puede cerrar una conversación antes de que realmente haya comenzado. Las exigencias del día a día, el ritmo acelerado y la confianza que se tenga con quien realiza la pregunta pueden no dar lugar a una descripción adecuada del estado emocional. Sin embargo, esta respuesta aislada no permite identificar problemas de salud mental. La psicóloga Maribel del Río López examina esta diferencia en un artículo de PsicoAbreu. Ella sostiene que “existe una gran diferencia entre estar bien y seguir funcionando”. Muchas personas continúan con sus responsabilidades laborales y el cuidado de otros, incluso cuando experimentan cansancio, tristeza o preocupación. Según su experiencia, minimizar las propias emociones puede estar vinculado a la enseñanza de no incomodar a los demás o a la dificultad de solicitar ayuda. Frases como “no es para tanto” pueden limitar el reconocimiento del malestar personal. Estas expresiones no son necesariamente rasgos fijos de personalidad ni se aplican de manera uniforme a todos. El Colegio Colombiano de Psicólogos sugiere que el acompañamiento emocional debe centrarse en la escucha activa y evitar las soluciones rápidas. En un comunicado de octubre de 2025, la psicóloga Paloma Carvajalino Suárez subraya la importancia de atender las necesidades reales de la persona, permitiendo los silencios y validando sus sentimientos, lo que facilita que el otro decida la extensión de lo que desea compartir. Reformular lo expresado puede ser útil para confirmar la comprensión, sin reemplazar la experiencia propia de la persona por una interpretación externa. Además, la institución advierte sobre el riesgo de etiquetar prematuramente o comparar sufrimientos. Acompañar no implica asumir el rol de terapeuta. Cuando el malestar se convierte en un obstáculo persistente en la vida diaria, la asistencia profesional puede ofrecer un entorno diferente al que pueden proporcionar amigos y familiares. El Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos sugiere evaluar la interferencia de los síntomas en las actividades cotidianas. Entre los puntos a considerar destacan la pérdida de interés en actividades habituales, dificultades para concentrarse, alteraciones en el sueño o el apetito, y problemas para llevar a cabo tareas. Su guía distingue la intensidad y la duración del malestar, recomendando buscar ayuda profesional ante síntomas graves que persistan durante dos semanas o más. No obstante, este periodo no debe ser una condición para consultar: si los síntomas se agravan o el autocuidado no resulta efectivo, también aconseja contactar con un profesional. En palabras de Del Río López, “no es necesario tocar fondo para acudir a terapia”. Solicitar ayuda no requiere comparar situaciones personales con las de otros. Iniciar una conversación puede ser un primer paso importante, siempre que quien escuche no convierta una respuesta breve en una etiqueta. En resumen, la frase “estoy bien” no es suficiente para ocultar un problema psicológico. Del Río López también aclara que hay una diferencia entre cumplir con las responsabilidades y sentir un verdadero bienestar emocional. El Colegio Colombiano de Psicólogos recomienda acompañar a quienes experimentan malestar emocional mediante la escucha sin juicio y evitando minimizar su dolor. Por su parte, el NIMH sugiere buscar apoyo profesional ante síntomas graves y persistentes, así como en casos de empeoramiento o falta de efectividad en el autocuidado.








