Diseñado en 1990 como un buque tanque químico, el proyecto enfrentó la quiebra de la empresa constructora, lo que dejó la obra sin terminar y sin matrícula oficial. Desde entonces, el Estado se hizo cargo y casi tres décadas después, aún no se ha retirado del astillero que lo vio nacer.
Casi 40 años después de iniciado su proceso de construcción, la impactante crecida provocada por el fenómeno conocido como el Súper Niño rompió las amarras del Uros-Z, permitiendo que la embarcación navegara a la deriva por 2 kilómetros hasta quedar varada frente a los mencionados barrios.
Sus dimensiones (107 metros de eslora, 14,5 metros de manga y 6,70 metros de altura) generan preocupación en la comunidad local. La falta de luces, boyas o señalización pone en riesgo a las embarcaciones que navegan por el área, dado que no hay forma de detectarlo a tiempo.
En 2018, el responsable de la Prefectura en Corrientes, un funcionario local, comentó que se decidió dejar al Uros-Z encallado donde se encontraba, dada la situación de imposibilidad para remolcarlo hasta la capital. En ese contexto, el propietario del astilleroGutiñsky expresó su frustración ante la falta de acción del gobierno, recordando las gestiones realizadas con un exministro del Interior.
Aseguró que la embarcación todavía tenía valor, afirmando: “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”. La estimación de solo el motor alcanzaba casi los 2 millones de dólares.








