Según Fran Estévez, un experto en adiestramiento canino, uno de los errores más comunes entre los dueños es demorar la búsqueda de ayuda. “Muchos consultan cuando el problema ya está instalado y corregirlo lleva mucho más trabajo”, advierte.
Desde la perspectiva de los profesionales, es habitual seguir las recomendaciones de familiares o amigos que han tenido perros, aunque cada animal tiene necesidades y temperamento únicos. Por ello, se sugiere adoptar un enfoque preventivo y adaptado a cada caso en particular.
El adiestramiento de perros trasciende la enseñanza de órdenes básicas, como sentarse o acudir al llamado. Se trata de establecer pautas coherentes y ayudar al perro a desenvolverse en diversas situaciones de la vida cotidiana.
Si un cachorro jala de la correa, salta sobre las personas o no responde al ser llamado y estas conductas no se corrigen a tiempo, pueden convertirse en patrones arraigados que dificulten la convivencia. Identificar estos comportamientos desde el principio permite tomar medidas antes de que se tornen un problema serio.
Estévez subraya la necesidad de abordar asuntos como la desobediencia, las dificultades en los paseos, la socialización insuficiente o la ansiedad por separación con soluciones específicas. “No sirve aplicar el mismo método que funcionó con el perro de un conocido. Cada mascota tiene su propio temperamento y aprendizaje previo”, aclara.
Uno de los problemas que más complican la vida cotidiana es la ansiedad por separación. Un perro que no se adapta a quedarse solo puede ladrar, llorar, romper objetos o mostrar inquietud extrema. También son frecuentes las dificultades durante los paseos, como tirar de la correa, reacciones a otros perros o la falta de respuesta cuando el animal puede moverse libremente. Tanto el miedo como una socialización escasa pueden empeorar estas conductas.
La intervención temprana es fundamental para facilitar el proceso de corrección. Si se espera a que un hábito esté profundamente arraigado, la modificación se torna más complicada.
Otro error común es la excesiva humanización del perro. Brindarle afecto y considerarlo parte de la familia es beneficioso, pero no se debe confundir esto con interpretar todas sus acciones desde una perspectiva humana o con la ausencia de límites claros.
Este tipo de relación puede fomentar la dependencia y dificultar que el animal enfrente situaciones como quedarse solo. Para Estévez, educar correctamente a un perro implica ofrecer pautas claras, coherentes y adaptadas a las características del animal, sin imponer una disciplina rígida.








