El cuerpo de Tula fue encontrado el pasado domingo por una sobrina, quien alertó a las autoridades tras observar que el hijo de la víctima, de 22 años, había salido corriendo de la vivienda ubicada en la calle Carlos de la Vega, en el barrio La Chacarita, horas antes del hallazgo.
El escenario del crimen era aterrador. El testimonio de la sobrina, junto con las pericias realizadas en el lugar y los resultados de la autopsia, desvelaron el sufrimiento que experimentó la mujer al ser atacada, presuntamente, por su propio hijo.
La sobrina compartió con un medio local que la agresión por parte del joven era un patrón habitual: “La agresión con mi tía de parte de este hijo ya venía desde hace años. Era difícil la convivencia entre ellos dos. Ella todo el tiempo lo corría de la casa porque era muy agresivo, muy violento”.
Además, relató las horrendas condiciones en las que encontró a su tía: “Estaba tirada en el piso, con la cara destrozada. Tenía una manguera negra de agua incrustada en la sien del lado izquierdo”. También mencionó que había un objeto de limpieza introducido en sus genitales.
La necropsia reveló que Tula murió por un shock hipovolémico a causa de múltiples lesiones, confirmando que recibió más de 60 puñaladas.
La investigación está a cargo de la fiscal Yésica Miranda, quien sigue realizando diligencias para esclarecer si el joven realmente es el responsable del brutal asesinato de su madre.








