En gestiones anteriores, la sala de prensa de la Casa de Gobierno permanecía cerrada con llave una vez que se retiraba el último periodista. Esa modalidad cambió durante la actual administración, que mantiene el acceso al lugar abierto. En ese contexto, la presencia de cajones abiertos y objetos desplazados generó la sospecha de que alguien pudo haber ingresado durante el fin de semana.
El episodio ocurre en un escenario de creciente tensión entre el Gobierno y periodistas, marcado por cuestionamientos y expresiones del presidente Javier Milei contra trabajadores y medios de comunicación. La actual administración también fue la primera desde el retorno de la democracia en disponer el cierre temporal de la sala de prensa de la Casa Rosada, que permaneció clausurada durante once días.
La seguridad del edificio está a cargo de la Casa Militar, que incrementó los controles sobre los periodistas desde aquel cierre, ocurrido entre el 23 de abril y el 4 de mayo. En ese período también se habían establecido nuevas condiciones para el ingreso y circulación de los trabajadores de prensa.
Previamente, la Casa Militar había realizado una presentación ante la Justicia por un supuesto caso de espionaje relacionado con un periodista de televisión. La denuncia finalmente fue desestimada por la Justicia.
Tras la reapertura de la sala, los periodistas quedaron sometidos a mayores controles de seguridad. Entre las nuevas medidas se encuentran un cambio en el acceso destinado a la prensa, un doble control mediante detectores de metales, el registro de los nombres al ingresar y retirarse y la obligación de dejar las credenciales.
También existen restricciones para circular por los pasillos de la Casa Rosada. En algunas ocasiones, los periodistas son acompañados por personal de seguridad durante sus desplazamientos dentro del edificio, incluso cuando se dirigen al baño o mientras realizan llamadas telefónicas.
El episodio ocurrido este lunes se suma así a las modificaciones implementadas en las condiciones de trabajo de la prensa dentro de la Casa Rosada y vuelve a generar interrogantes sobre los controles y la seguridad de las pertenencias de quienes desarrollan allí sus tareas.








