La Organización de las Naciones Unidas (ONU) aseguró que es prácticamente inevitable que el planeta supere los 1,5 °C de incremento en la temperatura promedio en los próximos años, un límite que fue establecido por el Acuerdo de París en 2015. Esta afirmación fue realizada por el ex secretario general de la ONU, Antonio Guterres, basándose en el reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), titulado “Limitar el exceso”, divulgado el 2 de septiembre. El documento indica que el calentamiento global está rumbo a sobrepasar el umbral de 1,5 °C en un futuro cercano. Guterres advirtió: “Las olas de calor extremo de este verano, los incendios forestales y las inundaciones mortales son una advertencia de lo que nos espera. Cada fracción de grado costará vidas, destruirá medios de subsistencia, profundizará la desigualdad y acercará a los ecosistemas a daños irreversibles”. Sin embargo, también mencionó que aún existe la posibilidad de actuar frente a esta crisis. En el ámbito de la ciencia climática, los incrementos de temperatura se miden en comparación con la época preindustrial, tomando como referencia las temperaturas promedio entre 1850 y 1900. Actualmente, según la NASA, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanza 431 partes por millón, lo que ha provocado un aumento de 1,42 °C en comparación con ese período. Este dato es fundamental, ya que científicos atribuyen el incremento de los gases de efecto invernadero a la actividad humana, especialmente en los últimos 150 años. Aunque la proyección de superar 1,5 °C puede parecer mínima, este cambio ocurre a una velocidad sin precedentes en al menos los últimos 2000 años, y resulta en alteraciones en los climas a nivel global. De acuerdo con las estimaciones del programa de monitoreo climático europeo Copernicus, si continúan las emisiones actuales, superaremos este límite en menos de tres años. Además, expertos sostienen que la temperatura continuará aumentando. El informe de Pnuma sugiere que las temperaturas pueden volver a alinearse con los objetivos a largo plazo del Acuerdo de París, al tiempo que enfatiza la necesidad urgente de fomentar la adaptación y la resiliencia ante los efectos del cambio climático. Hay consenso entre científicos y gobiernos en dos cuestiones clave: el aumento de la temperatura global y su correlación con el incremento de la concentración de gases de efecto invernadero como el CO2. El reciente informe del Grupo I del IPCC, que reúne a centenares de científicos a nivel mundial, presenta cinco escenarios diferentes que dependen de las decisiones que tome la humanidad sobre la reducción de emisiones. En este sentido, existe una conexión significativa entre el nivel de emisiones y la capacidad productiva, teniendo en cuenta el tipo de industrias y la población presente en cada región. Según el IPCC, esto se debe a que la mayor parte de la producción global depende de la quema de carbón, petróleo y gas. Así, la ONU atribuye un papel crucial a la generación de energía fósil en la crisis climática, aunque no es el único sector responsable, ya que también contribuyen el transporte, la agricultura y la ganadería. En el caso de Argentina, se estima que el 50% de sus emisiones provienen de la producción de energía y aproximadamente un 40% de la agricultura y ganadería. De todas maneras, la contribución del país a las emisiones globales no supera el 1%. Según el informe, los efectos de un aumento de temperatura impactarán en distintas regiones del planeta. Por ejemplo, en la cuenca del Plata —que incluye el sureste brasileño, partes de Uruguay, Paraguay y la Mesopotamia argentina— existe una alta probabilidad de que se intensifiquen las tormentas y la cantidad de lluvia en cada evento. El Acuerdo de París, firmado en 2015 por 196 naciones, plantea el objetivo de mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2 °C y, en lo ideal, no sobrepasar los 1,5 °C. Para lograr este objetivo, el acuerdo estipula que los países deben presentar contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) con planes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales deben actualizarse cada cinco años con un incremento en su ambición. También busca lograr un equilibrio entre las emisiones y la absorción de gases de efecto invernadero en la segunda mitad del siglo, en el marco de reducciones rápidas. Sin embargo, desde entonces las emisiones han seguido en aumento, aunque se ha observado una desaceleración en algunas regiones, como la europea. En contraste con otros grandes emisores, como Estados Unidos y China, este último ha evidenciado un estancamiento en sus emisiones, atribuible a una fuerte transición tecnológica en su sector energético. En 2025, horas después de su reelección, el expresidente Donald Trump anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, ordenando el cese de compromisos financieros relacionados con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En cuanto a la postura argentina, tras la decisión del presidente estadounidense, funcionarios cercanos a la presidencia había comentado sobre la posibilidad de seguir sus pasos, señalando que “conceptualmente, no estamos a favor del Acuerdo de París








