El desbalance entre los residentes que salieron del país y los turistas extranjeros que ingresaron también mostró una mejora. El año pasado, la diferencia había alcanzado los 5,1 millones de personas, mientras que actualmente se ubica en 3,7 millones. En lo que va de 2026 ingresaron 3,4 millones de turistas no residentes y 7,1 millones de argentinos viajaron al exterior.
De esta manera, por cada turista internacional que llegó al país, 2,1 argentinos realizaron turismo fuera de la Argentina. El indicador se encuentra en niveles similares a los de 2018 y por debajo del récord registrado en 2025, cuando la relación había llegado a 2,6.
El crecimiento del turismo receptivo abre la posibilidad de mejorar el ingreso de divisas y reducir el déficit de la balanza turística. Durante 2025, el saldo negativo había sido de aproximadamente US$7.200 millones, por lo que el desempeño de ambos flujos será determinante para el resultado de este año.
Según especialistas del sector, durante los primeros siete meses de 2026 las salidas de turistas se concentraron especialmente entre enero y marzo. La reducción posterior de los viajes al exterior y el incremento de los ingresos de visitantes extranjeros en los últimos meses contribuyeron a achicar la brecha.
Además del comportamiento del tipo de cambio, entre los factores que inciden sobre la decisión de viajar se encuentran los elevados costos internos, particularmente la carga impositiva. A esto se suma el menor ritmo de crecimiento de la actividad económica, que también impacta sobre la cantidad de argentinos que eligen viajar fuera del país.
Si las condiciones actuales se mantienen, la salida de divisas vinculada al turismo podría ubicarse en torno de los US$6.000 millones, con una mayor concentración hacia el final del año. Entre los destinos con mayor demanda aparecen Brasil, Estados Unidos y Europa.
La relación entre los viajes al exterior y el ingreso de turistas también está vinculada con el nivel del tipo de cambio. Para una parte de la población, especialmente los sectores de mayores ingresos, algunos destinos internacionales pueden resultar más económicos que determinadas alternativas dentro del país. La ausencia de restricciones cambiarias significativas, aunque con algunos costos adicionales asociados a los gastos en dólares, también incide en esa elección.
Las proyecciones para 2026 anticipan una mejora respecto del año pasado, aunque todavía con un resultado deficitario. La salida de divisas por turismo emisivo podría ubicarse entre US$11.000 y US$12.000 millones, mientras que el turismo receptivo podría cerrar el año con un incremento tanto en la cantidad de visitantes como en el gasto promedio. En ese caso, los ingresos podrían alcanzar entre US$5.300 y US$5.800 millones.
Con esos valores, la salida neta de divisas por turismo se ubicaría entre US$5.700 y US$6.200 millones. Aunque el resultado sería inferior al registrado en 2025, seguiría representando una presión sobre las cuentas externas y, eventualmente, sobre la acumulación de reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
La evolución del turismo contrasta con la mejora que viene mostrando el sector energético. Desde 2006, ambos sectores atravesaron diferentes etapas en sus respectivas balanzas comerciales. Hasta 2009, tanto energía como turismo presentaban saldos positivos. La energía registraba entonces un superávit superior a US$6.000 millones, mientras que el turismo se ubicaba entre US$1.000 y US$2.000 millones.
Entre 2011 y 2023, la balanza energética pasó a terreno negativo y alcanzó sus peores resultados entre 2013 y 2015, con déficits cercanos a los US$6.000 millones. En 2020 tuvo un breve período de resultado positivo, antes de volver a valores negativos durante 2022 y 2023. El turismo, en cambio, mantuvo un saldo deficitario casi constante desde 2012 y alcanzó un déficit cercano a US$9.000 millones en 2017.
Desde 2024, la situación energética comenzó a revertirse con rapidez. Ese año registró un superávit superior a US$5.000 millones, que se acercó a US$8.000 millones en 2025 y podría alcanzar los US$12.500 millones durante 2026.
El turismo, por el contrario, mantiene una tendencia deficitaria. El desequilibrio se profundizó en 2025 y las proyecciones apuntan a un saldo negativo cercano a los US$9.000 millones para este año.
Para reducir ese déficit, los especialistas consideran que la desregulación y la disminución de la inflación favorecen el funcionamiento del sector. Sin embargo, advierten que la política cambiaria dificulta la consolidación de su competitividad debido a la fuerte apreciación de la moneda derivada del proceso de estabilización.








