Un análisis sobre actividad y empleo elaborado a partir de datos sectoriales muestra que ocho de las diez actividades que más crecieron también registraron una reducción de sus niveles de empleo formal durante el último año.
Entre los casos más destacados aparece la minería, que pese a su expansión perdió unos 5.200 puestos de trabajo en ese período. La intermediación financiera también redujo su dotación de personal, con una caída del 3,7%. En el sector agropecuario, en tanto, se incorporaron apenas 1.700 trabajadores, por lo que la actividad continúa representando alrededor del 5% del empleo privado registrado.
El comportamiento de las actividades exportadoras constituye uno de los principales elementos de la recuperación, aunque todavía no se observa con claridad una transmisión de ese crecimiento hacia otros sectores de la economía. La generación de divisas y el financiamiento de inversiones aparecen como factores que podrían favorecer una expansión posterior, mientras que el vínculo con proveedores locales y la creación de puestos de trabajo directos e indirectos todavía muestran resultados limitados.
En términos generales, el empleo privado registrado disminuyó 1,5% interanual hasta marzo de 2026. Esto representa unos 96.700 puestos menos en un año y lleva a 329.667 la cantidad de empleos asalariados privados perdidos desde noviembre de 2023.
La evolución del empleo contrasta con la actividad económica. Durante el mismo período, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) acumuló una expansión del 5,6%, lo que muestra una diferencia entre el comportamiento de la producción y el mercado laboral.
El recorrido de la economía durante los últimos años también presenta distintas etapas. En 2023, la sequía y la escasez de divisas contribuyeron a una etapa recesiva. Luego, durante los primeros meses de 2024, el ajuste aplicado al comienzo de la gestión de Javier Milei profundizó la caída de la actividad.
Posteriormente comenzó una recuperación que, de acuerdo con el análisis, perdió impulso durante 2026. El estudio señala que, después de más de dos años del cambio de régimen económico, todavía no se consolidó una trayectoria de crecimiento sostenido.
Los datos más recientes también reflejan esa pérdida de dinamismo. En junio, el EMAE desestacionalizado se ubicó 1,1% por debajo del nivel registrado en diciembre de 2025.
Aunque las variaciones interanuales continúan mostrando resultados positivos, parte de esas cifras está asociada a efectos estadísticos derivados de la comparación con períodos anteriores. Al observar la evolución desestacionalizada, el comportamiento de la actividad muestra mayores señales de estancamiento que de una expansión sostenida.
El escenario plantea así una diferencia entre los sectores que lideran la recuperación y aquellos con mayor capacidad de generación de empleo. Las actividades vinculadas con los recursos naturales y las exportaciones avanzan con mayor dinamismo, mientras que la mejora todavía no se traduce en un aumento generalizado del empleo privado registrado.








