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La procrastinación: un fenómeno más complejo de lo que se pensaba

9 octubre, 2026
in Sociedad
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La postergación de tareas importantes no siempre se reduce a la pereza o la falta de motivación. Aunque el cerebro reconozca la necesidad y el valor de una acción, esto no garantiza su inicio. Investigadores de la Universidad de Kioto han sugerido que un mecanismo cerebral específico podría ser responsable de esta dificultad. A lo largo de los años, la procrastinación se había interpretado principalmente desde un enfoque de coste-beneficio: si el rendimiento esperado no es lo suficientemente atractivo, la acción no se lleva a cabo. No obstante, los recientes hallazgos indican que el problema podría residir en una fase previa, enfocándose en el momento de iniciar la acción, sin tener en cuenta el valor de la recompensa. Un freno en el cerebro El equipo dirigido por el neurocientífico Ken-ichi Amemori ha investigado un circuito cerebral particular relacionado con este fenómeno. Este se compone de la conexión entre el estriado ventral (EV) y el pálido ventral (PV), ubicados en los ganglios basales, una región del cerebro esencial para la motivación, el placer y la toma de decisiones. Para examinar este funcionamiento, los científicos realizaron un experimento con monos macacos, cuyo sistema motivacional presenta similitudes pertinentes con el humano. Durante el estudio, los animales tenían que elegir entre diferentes opciones para obtener agua: algunas ofrecían una mayor cantidad junto con una experiencia desagradable —como una ráfaga de aire en la cara— y otras garantizaban una recompensa menor sin incomodidad. De forma similar a lo que ocurre en los humanos, los monos sopesaban si el malestar asociado valía la pena para conseguir un beneficio mayor. El registro de la actividad cerebral mediante electrodos reveló que, ante la anticipación de incomodidad, la activación del estriado ventral disminuía, mientras que en escenarios sin castigo, la actividad aumentaba en el pálido ventral. Según lo indicado por los investigadores, “las grabaciones electrofisiológicas revelaron respuestas rápidas del estriado ventral ante señales aversivas y una disminución gradual de la actividad del pálido ventral, lo que sugiere una interacción inhibidora que limita la iniciación de la conducta”. Estos resultados llevaron al equipo a identificar dos componentes de la motivación, cada uno representado por sistemas neuronales diferentes. Por un lado, el clásico sistema de evaluación de costes y beneficios; por otro, un mecanismo que determina si una acción debe ser iniciada. Ambos procesos, enfatizan, son herencia evolutiva y fueron cruciales para la supervivencia de nuestros antepasados. La conexión entre el estriado ventral y el pálido ventral puede permitir que las señales de incomodidad del primero frenen el impulso del segundo para comenzar la conducta. Al interrumpir experimentalmente esta comunicación mediante técnicas quimiogenéticas, los investigadores encontraron que esto podía liberar el freno motivacional. “La inhibición selectiva de la vía entre el estriado ventral y el pálido ventral restauró la motivación para iniciar la tarea, sin afectar la valoración de la meta”, indicaron los científicos. Implicaciones en la vida cotidiana Este descubrimiento desafía la visión convencional sobre cómo abordar la procrastinación. Amemori sostiene que, si el problema está en la fase de inicio, disminuir las señales que alimentan el sentimiento de rechazo —como el coste percibido de comenzar— puede ser más efectivo que aumentar simplemente las recompensas o la presión externa. Estrategias como descomponer una tarea en pasos más pequeños o reducir la sensación de evaluación continua podrían ser más efectivas en tales situaciones. El estudio también tiene implicaciones sociales y clínicas. Amemori advierte que entornos laborales caracterizados por el estrés y las distracciones constantes —como correos y notificaciones— pueden activar crónicamente el circuito del estriado ventral. A largo plazo, esta sobreestimulación podría provocar cambios plásticos e incluso estructurales en la conexión entre el EV y el PV, predisponiendo al sistema a un bloqueo persistente de la motivación, un fenómeno conocido en el ámbito clínico como abulia. En este contexto, los investigadores relacionan sus hallazgos con trastornos como la depresión. “Nuestros resultados sugieren que la abulia podría reflejar un desequilibrio en este circuito”, concluyó Amemori. Asimismo, plantea la posibilidad de investigar tratamientos que busquen restaurar dicho equilibrio, como la estimulación cerebral profunda, aunque aclara que esta opción es invasiva y debe reservarse para casos seleccionados cuidadosamente.

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