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La psicología revela por qué las personas policrónicas tienden a llegar hasta 15 minutos tarde

9 octubre, 2026
in Sociedad
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La impuntualidad habitual no siempre se asocia con la irresponsabilidad o la falta de consideración hacia los demás. Durante décadas, la psicología ha investigado por qué algunas personas parecen tener más dificultades para administrar su tiempo y cumplir con los horarios, identificando distintos factores que pueden influir en la tardanza.

Una de las características relacionadas con este comportamiento es la policronía, definida como la tendencia a llevar a cabo múltiples actividades al mismo tiempo en lugar de enfocarse en una sola tarea. Quienes presentan este estilo de vida tienden a priorizar las relaciones, las conversaciones espontáneas y los asuntos que surgen en el momento, dejando en un segundo plano la rigidez de los horarios establecidos.

De acuerdo con investigaciones citadas por especialistas en comportamiento, los individuos que presentan un alto grado de policronía pueden llegar, en promedio, hasta 15 minutos después de lo programado a sus compromisos, en comparación con aquellos con un enfoque monocrónico. Esta diferencia no necesariamente responde a un deseo de faltar al respeto, sino a una forma diferente de organizar tareas y establecer prioridades.

Las personas policrónicas suelen alternar entre diversas actividades en vez de finalizar una antes de comenzar otra. Su comportamiento incluye responder mensajes mientras cocinan, mantener conversaciones mientras concluyen un proyecto o interrumpir una tarea para atender un asunto inesperado.

Esta capacidad de realizar múltiples tareas puede resultar beneficiosa en determinados contextos, especialmente cuando es necesario ser flexible o interactuar con otros. Sin embargo, el problema surge cuando este estilo entra en conflicto con compromisos que requieren el respeto de horarios específicos.

Jeff Conte, uno de los principales expertos en el estudio de la puntualidad, sostiene que quienes tienen un elevado nivel de policronía llegan, en promedio, hasta 15 minutos más tarde que aquellos que exhiben una orientación monocrónica o que se concentran en una única tarea a la vez.

Conte aclara que las personas policrónicas priorizan las relaciones y la interacción social, relegando los horarios estrictos a un plano secundario. Por lo tanto, una conversación que se alarga unos minutos, un mensaje que necesita respuesta o una última tarea antes de salir, pueden alterar rápidamente el cálculo que se había realizado inicialmente sobre el tiempo disponible.

Este fenómeno también presenta una dimensión cultural. En las sociedades con una inclinación más policrónica, la conexión entre las personas puede resultar más importante que la necesidad de cumplir con un horario estipulado. En estos contextos, interrumpir una charla para llegar puntualmente a otro lugar puede ser considerado incluso como un acto de mala educación.

En contraste, en culturas u organizaciones que priorizan una perspectiva monocrónica del tiempo, este mismo comportamiento puede interpretarse como desconsideración o falta de responsabilidad. Para aquellos que enfrentan problemas recurrentes con la puntualidad, Conte sugiere utilizar alarmas programadas que indiquen el momento exacto de salida, lo cual podría funcionar como una señal externa para dejar una actividad y comenzar el traslado.

Entre las características asociadas a la falta de puntualidad se encuentra la baja responsabilidad. Dentro de los cinco grandes rasgos de personalidad, la responsabilidad se define como uno de los factores más estrechamente vinculados con la puntualidad. Las personas que presentan altos niveles de responsabilidad suelen ser disciplinadas, organizadas, orientadas hacia objetivos y atentas a los detalles. Por el contrario, quienes poseen menor responsabilidad pueden encontrar dificultades en la planificación y en la gestión del tiempo.

Otra tendencia común es la de los optimistas que sucumben a la llamada falacia de la planificación. Estas personas tienden a subestimar el tiempo necesario para finalizar una actividad, aun cuando la hayan realizado previamente muchas veces. Al calcular erróneamente la duración, también marginan el tiempo disponible para trasladarse, lo que contribuye a que lleguen tarde.

Los búhos nocturnos, individuos con un cronotipo tardío que se duermen y despiertan más tarde en el día, también pueden experimentar dificultades para respetar horarios. La desincronización entre su reloj biológico y las obligaciones matutinas puede hacer que sus mañanas transcurran de manera más lenta, lo que aumenta el riesgo de retrasos.

Finalmente, la impuntualidad puede tener un componente neurobiológico. Personas con TDAH, autismo, dislexia y otras condiciones del neurodesarrollo pueden presentar dificultades vinculadas a la denominada ceguera del tiempo, que afecta la percepción del paso de las horas y complica las transiciones entre actividades. En esos casos, establecer listas de verificación, alarmas y tiempos de traslado dentro de la agenda puede servir como soporte externo.

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La impuntualidad habitual no siempre se asocia con la irresponsabilidad o la falta de consideración hacia los demás. Durante décadas, la psicología ha investigado por qué algunas personas parecen tener más dificultades para administrar su tiempo y cumplir con los horarios, identificando distintos factores que pueden influir en la tardanza.

Una de las características relacionadas con este comportamiento es la policronía, definida como la tendencia a llevar a cabo múltiples actividades al mismo tiempo en lugar de enfocarse en una sola tarea. Quienes presentan este estilo de vida tienden a priorizar las relaciones, las conversaciones espontáneas y los asuntos que surgen en el momento, dejando en un segundo plano la rigidez de los horarios establecidos.

De acuerdo con investigaciones citadas por especialistas en comportamiento, los individuos que presentan un alto grado de policronía pueden llegar, en promedio, hasta 15 minutos después de lo programado a sus compromisos, en comparación con aquellos con un enfoque monocrónico. Esta diferencia no necesariamente responde a un deseo de faltar al respeto, sino a una forma diferente de organizar tareas y establecer prioridades.

Las personas policrónicas suelen alternar entre diversas actividades en vez de finalizar una antes de comenzar otra. Su comportamiento incluye responder mensajes mientras cocinan, mantener conversaciones mientras concluyen un proyecto o interrumpir una tarea para atender un asunto inesperado.

Esta capacidad de realizar múltiples tareas puede resultar beneficiosa en determinados contextos, especialmente cuando es necesario ser flexible o interactuar con otros. Sin embargo, el problema surge cuando este estilo entra en conflicto con compromisos que requieren el respeto de horarios específicos.

Jeff Conte, uno de los principales expertos en el estudio de la puntualidad, sostiene que quienes tienen un elevado nivel de policronía llegan, en promedio, hasta 15 minutos más tarde que aquellos que exhiben una orientación monocrónica o que se concentran en una única tarea a la vez.

Conte aclara que las personas policrónicas priorizan las relaciones y la interacción social, relegando los horarios estrictos a un plano secundario. Por lo tanto, una conversación que se alarga unos minutos, un mensaje que necesita respuesta o una última tarea antes de salir, pueden alterar rápidamente el cálculo que se había realizado inicialmente sobre el tiempo disponible.

Este fenómeno también presenta una dimensión cultural. En las sociedades con una inclinación más policrónica, la conexión entre las personas puede resultar más importante que la necesidad de cumplir con un horario estipulado. En estos contextos, interrumpir una charla para llegar puntualmente a otro lugar puede ser considerado incluso como un acto de mala educación.

En contraste, en culturas u organizaciones que priorizan una perspectiva monocrónica del tiempo, este mismo comportamiento puede interpretarse como desconsideración o falta de responsabilidad. Para aquellos que enfrentan problemas recurrentes con la puntualidad, Conte sugiere utilizar alarmas programadas que indiquen el momento exacto de salida, lo cual podría funcionar como una señal externa para dejar una actividad y comenzar el traslado.

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Los búhos nocturnos, individuos con un cronotipo tardío que se duermen y despiertan más tarde en el día, también pueden experimentar dificultades para respetar horarios. La desincronización entre su reloj biológico y las obligaciones matutinas puede hacer que sus mañanas transcurran de manera más lenta, lo que aumenta el riesgo de retrasos.

Finalmente, la impuntualidad puede tener un componente neurobiológico. Personas con TDAH, autismo, dislexia y otras condiciones del neurodesarrollo pueden presentar dificultades vinculadas a la denominada ceguera del tiempo, que afecta la percepción del paso de las horas y complica las transiciones entre actividades. En esos casos, establecer listas de verificación, alarmas y tiempos de traslado dentro de la agenda puede servir como soporte externo.
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