Una revisión de las disposiciones difundidas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica durante los últimos cinco años muestra un problema recurrente: la venta de aceites de oliva falsificados, con irregularidades en su identificación y en las autorizaciones sanitarias.
El fraude puede involucrar marcas inexistentes, el uso de la identidad comercial de firmas reconocidas o el “estiramiento” del producto, que consiste en mezclar aceite de oliva con otros más baratos, como los de soja o maíz. También puede utilizarse aceite “lampante”, elaborado con aceitunas caídas, podridas o fermentadas, que luego se refina químicamente y se tiñe con clorofila.
El peligro no se limita a pagar un precio elevado por un producto de menor calidad. Si se desconocen el origen, la composición y las condiciones de elaboración, tampoco se puede garantizar que sea seguro para el consumo.
Antes de comprar, hay algunos indicios que conviene tener en cuenta. Ninguna prueba casera confirma por sí sola que un aceite sea auténtico, pero revisar ciertos detalles puede ayudar a evitar una estafa.
1. Un precio inusualmente bajo: si una botella cuesta mucho menos que lo habitual, es mejor desconfiar. Un descuento no prueba que exista fraude, pero puede ser una señal de alerta si se suma a una venta informal, una oferta en un sitio web o en redes sociales, un envase sospechoso o la ausencia de información sobre el origen.
2. Una botella de plástico transparente: un envase de plástico completamente transparente merece atención. El Aceite de Oliva Virgen Extra es sensible a la luz y al oxígeno, y el plástico común es poroso. La luz deteriora sus antioxidantes y puede volverlo rancio. Para proteger la calidad del producto, los productores suelen envasarlo en vidrio oscuro o latas de aluminio.
3. Detalles extraños en el envase: las imitaciones pueden reproducir el nombre y el diseño de una marca conocida, pero presentar diferencias en el acabado. Una tapa distinta, una etiqueta mal impresa o terminaciones que no coinciden con las del producto original son motivos para detenerse. En falsificaciones de marcas líderes detectadas por la autoridad sanitaria se observaron tapas diferentes, ausencia de capuchones de seguridad y cambios en el color y la forma de las etiquetas.
4. La ausencia de picor no confirma que sea virgen extra: el aceite de oliva puede “pique” o raspar la garganta e incluso provocar tos. Esa sensación se atribuye al oleocantal, un antioxidante y antiinflamatorio natural presente en el aceite de oliva virgen extra fresco. Si el sabor es completamente plano y no produce picor, podría haber sido refinado químicamente para eliminar rastros de una materia prima defectuosa.
5. La prueba de la heladera: un método casero frecuente para buscar mezclas consiste en poner la botella o un vaso con aceite en la heladera. El aceite de oliva puro, rico en ácido oleico, una grasa monoinsaturada, puede comenzar a solidificarse o formar grumos blancos cuando la temperatura baja de los 12 °C a los 15 °C. Si fue mezclado con aceites de semillas, como girasol o maíz, ricos en grasas poliinsaturadas, podría no solidificarse en una heladera común o tardar más.
6. La falta de lote o fecha de consumo preferente: a diferencia del vino, el aceite de oliva no mejora con el paso del tiempo; cuanto más fresco, mejor. Los envases legales deben indicar el lote y la fecha de vencimiento. Un virgen extra cerrado conserva sus mejores cualidades entre 18 y 24 meses desde el envasado. Las versiones “en rama”, sin filtrar, se deterioran más rápido y deberían consumirse dentro de los primeros 6 a 9 meses. Si no aparece la fecha de producción ni la de vencimiento, el producto carece de trazabilidad y controles sanitarios.
7. Registros que no se pueden verificar: cuando corresponde, el envase debe identificar el establecimiento y el producto con los números de Registro Nacional de Establecimiento y Registro Nacional de Producto Alimenticio. No basta con que los números estén impresos: deben ser auténticos y corresponder al producto que se vende. Las autorizaciones pueden consultarse en sistemas oficiales de información alimentaria, como el SIFeGA, o ante la autoridad sanitaria competente.
Si al abrir la botella el aceite tiene olor rancio, parecido al cartón mojado o a la pintura, si la etiqueta genera dudas o si no figuran los números de Registro Nacional de Establecimiento y Registro Nacional de Producto Alimenticio, no hay que consumirlo.
En esos casos, se puede realizar una consulta o presentar una denuncia ante el Instituto Nacional de Alimentos o la oficina de bromatología municipal correspondiente. Conviene conservar el envase, fotografiar la etiqueta y guardar los datos del comercio o de la publicación de venta. Esa información puede ayudar a rastrear el origen del producto y facilitar una investigación para impedir que siga circulando.








