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De Nueva Zelanda a Vélez: el camino de Joaquín Reinoso hacia la Selección Argentina

13 octubre, 2026
in Deportes
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Originario de Auckland, Nueva Zelanda, con ciudadanía italiana, Joaquín Reinoso eligió representar a Argentina. Este joven delantero de 15 años, que se desempeña en la octava división de Vélez Sarsfield, presenta una trayectoria atípica a tan corta edad: criado por padres argentinos en Oceanía, se enamoró del fútbol, partió sin dominar el español y fue convocado por la selección nacional, cumpliendo así uno de sus sueños.

“Primero me convocaron de la selección de Nueva Zelanda para jugar el clasificatorio al Mundial Sub 17 y acepté, pero cinco días antes me llegó la citación de Argentina. Era una decisión difícil, pero mi corazón es argentino y siempre soñé con jugar con esa camiseta. Llamé al entrenador y le pedí disculpas, pero yo quería jugar para Argentina. Crecí mirando al Barcelona y Manchester City, Messi es mi ídolo, admiro a Neymar porque me gusta gambetear y me encanta el estilo de Di María”, relató Joaquín.

El jugador, categoría 2011, es hijo de Vanesa y Lautaro, quienes dejaron Argentina para buscar nuevas oportunidades laborales en Nueva Zelanda. La historia familiar tiene un trasfondo significativo en la tragedia de Cromañón, que marcó un antes y un después en sus vidas. “Fue un momento que me cambió la vida y la idea de jugar al fútbol. Me afectó en la parte psicológica y me dediqué a estudiar”, recordó el padre de Joaquín, quien había llegado hasta la cuarta división en Platense antes de retirarse y que junto a su esposa se graduaron en educación física antes de trasladarse al otro lado del mundo.

Establecidos en Auckland, Lautaro encontró empleo en el King’s School, prestigiado colegio local donde Joaquín estudió durante cinco años. Fuera del aula, el niño exploró diversas disciplinas deportivas como atletismo, natación, hockey y golf, destacándose en todas. El fútbol llegó más tarde de lo esperado, sin presiones familiares. “Mi idea no era empujarlo mucho porque yo había jugado en inferiores. Quería que hiciera muchos deportes y que luego decidiera él”, explicó su padre.

La decisión de enfocarse en el fútbol se cristalizó cuando Joaquín tenía alrededor de 10 años y se destacó en una academia neozelandesa durante un torneo en Japón. En ese contexto, Lautaro contactó a un amigo en Platense para que su hijo pudiera entrenar dos semanas con los chicos de su categoría durante unas vacaciones en Buenos Aires. La respuesta fue positiva: “Me agarró y me dijo: ‘Laucha, tu hijo anda muy bien. No está para jugar acá en un Platense’. Eso me quedó grabado”.

De regreso en Nueva Zelanda, Joaquín tuvo otra oportunidad de probar suerte en España con una prueba en el Valencia, pero la falta del pasaporte italiano impidió su permanencia. A pesar de su talento, la conexión que marcaría un cambio en su vida fue el viaje a Argentina.

Previo a la partida, tuvo una conversación clave con su padre: “Le dije: ‘Si vos querés ser profesional, tenemos que irnos de acá. Hay que dar un paso y medirse con jugadores que te ayuden a mejorar’”. En Nueva Zelanda, Joaquín competía pero no encontraba un desafío acorde a su desarrollo.

La llegada a Argentina se facilitó con el apoyo de Federico Domínguez, quien vio el potencial de Joaquín y organizó una prueba en Vélez. Dada la dificultad del idioma y la adaptación al estilo local, Domínguez extendió la evaluación a entre 10 y 15 días. La respuesta del club fue favorable antes de que culminara la primera semana: “Fede, nos encantó, es un gran perfil, ¿cómo tenemos que hacer?”, comunicaron desde Vélez. Lautaro mencionó que muchos dudaban de probar a un jugador que venía desde Nueva Zelanda, pero lo que vieron en cancha los sorprendió.

Domínguez también aconsejó a la familia sobre la elección de Vélez en lugar de otros clubes importantes, dado su conocimiento del trabajo realizado en La Fábrica. Joaquín recuerda: “Lo primero era probarme en Vélez, después venía River o Boca. Este club te da más oportunidades para llegar a Primera. Hay chicos que estaban en sexta el año pasado y ahora están en primera. Acá me tratan muy bien y estoy contento”. Su adaptación incluyó la adopción del mate como parte de su nueva vida en Argentina.

Sin embargo, la barrera del idioma fue uno de los mayores retos. Joaquín llegó sin dominar el español, lo que dificultó su ingreso en el colegio de Vélez, obligándolo a asistir a una escuela pública donde se destacó como el mejor alumno. Ahora sigue su educación de manera virtual, lo que le otorga la flexibilidad necesaria para su carrera futbolística. “Al principio era muy difícil, con el idioma y todo. Sabía entender y escuchar, pero me costaba hablar. Y en el fútbol tenés que hablar para pedir la pelota”, subrayó. Reconoció que necesitó adaptarse como jugador: “Acá en Argentina son maduros, tienen más hambre para ganar. Yo jugaba diferente, con más calma, con más tranquilidad. Tuve que cambiar eso y hacerme más agresivo, un poquito más egoísta”.

A nivel técnico, Joaquín destaca por atributos poco comunes a su edad. Con más de 1,80 metros de altura, es zurdo pero juega con ambas piernas, aportando versatilidad como extremo o incluso como enganche. “Suele partir desde la derecha para perfilarse hacia el arco. Tiene muy buen uno contra uno y desequilibra mucho”, afirmó Domínguez. Joaquín se describió como “un jugador rápido y explosivo” que utiliza su velocidad y no teme encarar: “Tengo cositas de Di María, ja”.

En septiembre de 2026, Joaquín se enfrentó a una elección crucial: las convocatorias de la Selección de Nueva Zelanda para el torneo clasificatorio al Mundial Sub 17 y de la Argentina para la categoría Sub 15 en la Liga Evolución CONMEBOL en Paraguay. Aunque ya contaba con pasaje a Auckland, decidió representar a la Albiceleste: “Fue difícil, pero allá me entendieron. Cuando llegó la convocatoria la llamé a mi mamá y se puso a llorar de emoción”.

El caso de Joaquín, aunque singular por su origen, se integra en una tendencia que viene creciendo desde 2020, cuando la AFA comenzó a captar jugadores nacidos fuera del país con vínculos argentinos. Casos como los de Alejandro Garnacho y Nicolás Paz son ejemplos emblemáticos de esta dinámica, al igual que la reciente inclusión de Stephen Kiki Ramos, el primer jugador de origen haitiano convocado a la selección.

Por último, Domínguez agregó un factor influyente en la decisión de Joaquín: “El efecto Messi, el Mundial de Qatar, la Copa América, todas estas victorias y toda esta euforia, convencieron rápido a los chicos”. A pesar de su participación en las juveniles, Joaquín aún no queda comprometido a largo plazo con la Albiceleste, ya que reglamentariamente mantiene la opción de elegir una selección mayor. “Lo que quiero en mi carrera primero es ser futbolista profesional, debutar en Primera y jugar para Argentina”, concluyó. Su sueño ya tiene una camiseta asignada.

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“Primero me convocaron de la selección de Nueva Zelanda para jugar el clasificatorio al Mundial Sub 17 y acepté, pero cinco días antes me llegó la citación de Argentina. Era una decisión difícil, pero mi corazón es argentino y siempre soñé con jugar con esa camiseta. Llamé al entrenador y le pedí disculpas, pero yo quería jugar para Argentina. Crecí mirando al Barcelona y Manchester City, Messi es mi ídolo, admiro a Neymar porque me gusta gambetear y me encanta el estilo de Di María”, relató Joaquín.

El jugador, categoría 2011, es hijo de Vanesa y Lautaro, quienes dejaron Argentina para buscar nuevas oportunidades laborales en Nueva Zelanda. La historia familiar tiene un trasfondo significativo en la tragedia de Cromañón, que marcó un antes y un después en sus vidas. “Fue un momento que me cambió la vida y la idea de jugar al fútbol. Me afectó en la parte psicológica y me dediqué a estudiar”, recordó el padre de Joaquín, quien había llegado hasta la cuarta división en Platense antes de retirarse y que junto a su esposa se graduaron en educación física antes de trasladarse al otro lado del mundo.

Establecidos en Auckland, Lautaro encontró empleo en el King’s School, prestigiado colegio local donde Joaquín estudió durante cinco años. Fuera del aula, el niño exploró diversas disciplinas deportivas como atletismo, natación, hockey y golf, destacándose en todas. El fútbol llegó más tarde de lo esperado, sin presiones familiares. “Mi idea no era empujarlo mucho porque yo había jugado en inferiores. Quería que hiciera muchos deportes y que luego decidiera él”, explicó su padre.

La decisión de enfocarse en el fútbol se cristalizó cuando Joaquín tenía alrededor de 10 años y se destacó en una academia neozelandesa durante un torneo en Japón. En ese contexto, Lautaro contactó a un amigo en Platense para que su hijo pudiera entrenar dos semanas con los chicos de su categoría durante unas vacaciones en Buenos Aires. La respuesta fue positiva: “Me agarró y me dijo: ‘Laucha, tu hijo anda muy bien. No está para jugar acá en un Platense’. Eso me quedó grabado”.

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Previo a la partida, tuvo una conversación clave con su padre: “Le dije: ‘Si vos querés ser profesional, tenemos que irnos de acá. Hay que dar un paso y medirse con jugadores que te ayuden a mejorar’”. En Nueva Zelanda, Joaquín competía pero no encontraba un desafío acorde a su desarrollo.

La llegada a Argentina se facilitó con el apoyo de Federico Domínguez, quien vio el potencial de Joaquín y organizó una prueba en Vélez. Dada la dificultad del idioma y la adaptación al estilo local, Domínguez extendió la evaluación a entre 10 y 15 días. La respuesta del club fue favorable antes de que culminara la primera semana: “Fede, nos encantó, es un gran perfil, ¿cómo tenemos que hacer?”, comunicaron desde Vélez. Lautaro mencionó que muchos dudaban de probar a un jugador que venía desde Nueva Zelanda, pero lo que vieron en cancha los sorprendió.

Domínguez también aconsejó a la familia sobre la elección de Vélez en lugar de otros clubes importantes, dado su conocimiento del trabajo realizado en La Fábrica. Joaquín recuerda: “Lo primero era probarme en Vélez, después venía River o Boca. Este club te da más oportunidades para llegar a Primera. Hay chicos que estaban en sexta el año pasado y ahora están en primera. Acá me tratan muy bien y estoy contento”. Su adaptación incluyó la adopción del mate como parte de su nueva vida en Argentina.

Sin embargo, la barrera del idioma fue uno de los mayores retos. Joaquín llegó sin dominar el español, lo que dificultó su ingreso en el colegio de Vélez, obligándolo a asistir a una escuela pública donde se destacó como el mejor alumno. Ahora sigue su educación de manera virtual, lo que le otorga la flexibilidad necesaria para su carrera futbolística. “Al principio era muy difícil, con el idioma y todo. Sabía entender y escuchar, pero me costaba hablar. Y en el fútbol tenés que hablar para pedir la pelota”, subrayó. Reconoció que necesitó adaptarse como jugador: “Acá en Argentina son maduros, tienen más hambre para ganar. Yo jugaba diferente, con más calma, con más tranquilidad. Tuve que cambiar eso y hacerme más agresivo, un poquito más egoísta”.

A nivel técnico, Joaquín destaca por atributos poco comunes a su edad. Con más de 1,80 metros de altura, es zurdo pero juega con ambas piernas, aportando versatilidad como extremo o incluso como enganche. “Suele partir desde la derecha para perfilarse hacia el arco. Tiene muy buen uno contra uno y desequilibra mucho”, afirmó Domínguez. Joaquín se describió como “un jugador rápido y explosivo” que utiliza su velocidad y no teme encarar: “Tengo cositas de Di María, ja”.

En septiembre de 2026, Joaquín se enfrentó a una elección crucial: las convocatorias de la Selección de Nueva Zelanda para el torneo clasificatorio al Mundial Sub 17 y de la Argentina para la categoría Sub 15 en la Liga Evolución CONMEBOL en Paraguay. Aunque ya contaba con pasaje a Auckland, decidió representar a la Albiceleste: “Fue difícil, pero allá me entendieron. Cuando llegó la convocatoria la llamé a mi mamá y se puso a llorar de emoción”.

El caso de Joaquín, aunque singular por su origen, se integra en una tendencia que viene creciendo desde 2020, cuando la AFA comenzó a captar jugadores nacidos fuera del país con vínculos argentinos. Casos como los de Alejandro Garnacho y Nicolás Paz son ejemplos emblemáticos de esta dinámica, al igual que la reciente inclusión de Stephen Kiki Ramos, el primer jugador de origen haitiano convocado a la selección.

Por último, Domínguez agregó un factor influyente en la decisión de Joaquín: “El efecto Messi, el Mundial de Qatar, la Copa América, todas estas victorias y toda esta euforia, convencieron rápido a los chicos”. A pesar de su participación en las juveniles, Joaquín aún no queda comprometido a largo plazo con la Albiceleste, ya que reglamentariamente mantiene la opción de elegir una selección mayor. “Lo que quiero en mi carrera primero es ser futbolista profesional, debutar en Primera y jugar para Argentina”, concluyó. Su sueño ya tiene una camiseta asignada.
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