Con las exportaciones de carne vacuna en aumento y los buenos precios en mercados internacionales, la carne brasileña ha ayudado a suavizar los precios en las góndolas argentinas.
Las importaciones incluyen cortes muy apreciados por los consumidores argentinos, como lomo, vacío y nalga, a precios competitivos. Este fenómeno ha permitido a las grandes cadenas de supermercados obtener márgenes extraordinarios, comprando a $9.000 el kilo y vendiendo entre $20.000 y $23.000.
Antiguamente, la importación de carne era un fenómeno marginal en el país, con apenas 500 toneladas al año en periodos específicos como Navidad.
Actualmente, las importaciones vienen principalmente de Brasil para abastecer el mercado local a un costo inferior.
En línea con la política de importación favorecida por el gobierno, la cifra de carne importada aumentó de 32.000 toneladas el año pasado a una proyección de 65.000 toneladas para este año. Se estima que el 80% de esta carne proviene de Brasil, y el resto de Paraguay y Uruguay.
Uno de los aspectos más destacados en el sector de la carne vacuna es el precio de entrada de la carne importada. Los cortes económicos, que consumen los argentinos, tienen precios más bajos: por ejemplo, la tapa de asado ronda los $13.000, el lomo a $9.000 y la nalga entre $14.000 y $16.000 por kilo.
Se ha producido un cambio en la estructura de la producción: Argentina exporta cortes premium mientras importa aquellos más económicos, lo que genera márgenes para los supermercados y ayuda a estabilizar los precios internos.
El lomo, por su parte, se vende detrás del mostrador a precios de entre $20.000 y $23.000, resultando más competitivo que el local. Para los supermercados, esto representa mayores márgenes de ganancia, mientras que mantienen ofertas atractivas para los consumidores.
Se estima que los cortes importados son aproximadamente un 25% más económicos que sus equivalentes nacionales.
Argentina enfrenta un cambio en su matriz productiva y de consumo, con un aumento notable en los cortes importados de menor costo para abastecer la demanda interna, mientras que los cortes de mayor valor se dirigen hacia mercados que pagan precios premium, tales como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea.
El consumo de carne vacuna se ha desplomado a niveles históricos, y se prevé que en 2026 se reduzca a entre 42 y 45 kilos por habitante al año.
En este contexto, mientras el bife de chorizo se exporta a precios que oscilan entre 10 y 12 dólares el kilo, el consumidor local se ve obligado a optar por carnes importadas, que aunque pueden ser menos tiernas o sabrosas en comparación con la carne argentina, destacan por su precio más accesible.
Esta transformación en el suministro mantiene los precios para los consumidores en un nivel estable. Las importaciones actúan como un “techo” para los precios de la carne local; si los productores nacionales intentan elevar los precios, los supermercados tienen la opción inmediata de recurrir al mercado brasileño para equilibrar la oferta.
Es importante señalar que, en un contexto donde disminuye el poder adquisitivo de los consumidores, el mercado de la carne vacuna ha mostrado dos tendencias opuestas en el primer semestre de 2026: mientras las exportaciones continúan en alza, el consumo interno enfrenta una caída debido a la reducción de la oferta y los efectos de los precios sobre el poder adquisitivo de los hogares.
Como consecuencia, el consumo de carne vacuna ha caído a cifras históricas; se estima un descenso a entre 42 y 45 kilos por habitante este año, en contraste con los 55 a 60 kilos de años anteriores y los 70 kilos que se registraban al inicio de la década de 2010.
Esta situación ha llevado a los consumidores argentinos a considerar otras opciones proteicas, como pollo, cerdo y huevo, que son percibidas como alternativas más económicas.
El pollo se ha consolidado como la principal opción en los hogares argentinos en sustitución de la carne vacuna.
A pesar del aumento en las importaciones de carne de Brasil, hay un corte argentino que mantiene su estabilidad: el asado. Como este corte no está destinado a la exportación, se conserva para el mercado interno y se ofrece a precios más competitivos en comparación con otros cortes premium.
Desde el sector se anticipa que no se producirán aumentos drásticos en los precios, salvo ajustes estacionales de fin de año, ya que el flujo de carne importada seguirá asegurando el abastecimiento y conteniendo posibles escaladas inflacionarias en el sector.








