El enfrentamiento entre México e Inglaterra fue uno de esos partidos que queda grabado en la memoria de quienes tuvieron la suerte de presenciarlo. El resultado final fue 3-2 a favor de los británicos, quienes jugaron casi todo el segundo tiempo en inferioridad numérica y se preparan ahora para enfrentar a Noruega en su camino hacia la final.
La historia reciente entre Inglaterra y México, que en amistosos nunca había favorecido a los británicos en el territorio mexicano, y el trauma del pasado en el Estadio Azteca, donde Diego Maradona dejó una huella imborrable en 1986, mantenía a los Three Lions en estado de cautela durante los primeros minutos. Asimismo, el hecho de que México suele sucumbir en instancias decisivas ante selecciones de renombre también condicionó el ímpetu ofensivo que habían mostrado los dirigidos por Javier Aguirre en su partido anterior contra Ecuador. Sin embargo, el apoyo de la afición y su largo invicto en el coloso de Santa Úrsula les otorgó un impulso adicional.
Durante los primeros treinta minutos, tanto Inglaterra como México se mostraron cautelosos, con pocas ocasiones de peligro. Un cabezazo de Raúl Jiménez fue respondido con varias atajadas excepcionales de Jordan Pickford, mientras que una avanzada individual de Anthony Gordon fue bien defendida por Raúl Rangel.
El partido cobró vida en el minuto 36, cuando Declan Rice asistió a Bukayo Saka. El desborde del jugador británico terminó en un centro que Jude Bellingham, en una actuación sobresaliente, convirtió en gol. El local sacó desde el medio, y Elliot Anderson presionó a Érik Lira, asistiendo nuevamente a Bellingham, quien esta vez habilitó a Harry Kane para el 2-0. A los 42 minutos, el árbitro Alirezza Faghani sancionó una falta dudosa de Saka y, tras un error en el despeje, Julián Quiñones descontó con un gol que revitalizó a los hinchas aztecas. Antes del final del primer tiempo, Pickford realizó otra gran atajada y Bellingham evitó el empate a Montes.
Con el segundo tiempo, la lógica parecía indicar que el orden táctico se restablecería, pero el encuentro tomó un giro frenético. Se sucedieron las jugadas en un ritmo vertiginoso: un tiro al poste de Nico O’Reilly, la expulsión de Jarell Quansah tras la intervención del VAR, un penalti claro a favor de Inglaterra que Kane convirtió en 3-1, y otro penalti para México que Raúl Jiménez transformó, regresando así la emoción al partido. A esas alturas, la intensidad del juego era abrumadora.
La lluvia había cesado, y ahora solo importaba la altura de los tres defensores centrales que Tuchel había dispuesto para rechazar los constantes centros de México, que había abandonado su juego más elaborado en búsqueda del milagro.
A pesar de la inferioridad numérica, Inglaterra demostró su fortaleza y determinación, decidida a dejar atrás los traumas del pasado y avanzó en el torneo. México se despidió nuevamente, por octava vez en octavos de final, como ha sucedido en otras ocasiones, cuando les faltó claridad en momentos clave. La eliminación para el combinado azteca y la clasificación para Inglaterra se ajustaba a las expectativas, donde las sorpresas en los finales no siempre están garantizadas.








