La jubilación no ha mitigado su sufrimiento. En una reciente entrevista, Vickery expresó: “Sabía que tenía problemas de memoria y cerebrales”. La confirmación se produjo a través de una tomografía que evidenció la gravedad de sus lesiones: “Los resultados mostraron una probable encefalopatía traumática crónica, algo que ya sospechaba antes de hacérmela. Se lo comenté al médico: ‘Sé que algo anda mal conmigo’. Pero no quería hacer nada al respecto”.
El dolor físico es solo una parte de su vivencia. El exjugador relata que continúa lidiando con heridas visibles y otras que son menos evidentes: “Han pasado 14 años desde mi último partido, estuve activo durante 20 años, gané 73 encuentros con Inglaterra. Aún llevo conmigo las heridas. Algunas ya se han curado, otras están en proceso, algunas son visibles, otras solo se sienten”, afirmó.
A raíz de su situación, Vickery se ha sumado a las voces de exjugadores que han demandado a las instituciones World Rugby, Rugby Football Union (RFU) y la Welsh Rugby Union (WRU). Estos exdeportistas, tanto del ámbito profesional como amateur, sostienen que los repetidos impactos les han generado graves problemas neurológicos.
Recientemente, Vickery anunció su decisión de donar su cerebro para contribuir a la investigación científica sobre los daños neurológicos que afectan a los jugadores de rugby. Compartió su experiencia, destacando el impacto diario de su condición: “Las lesiones cerebrales están presentes todo el tiempo, las 24 horas, los 365 días del año, y pesan mucho, te atormentan constantemente. Pero no me van a vencer. Sigo adelante”, comentó el exjugador, quien también ha pasado por momentos de angustia y pensamientos suicidas.
Vickery es uno de más de mil exjugadores que han presentado una demanda colectiva en contra de World Rugby y otras federaciones, acusando a estas de no ofrecer la protección adecuada frente a los riesgos de lesiones neurológicas, incluyendo la encefalopatía traumática crónica (CTE) y otras afecciones graves derivadas de los impactos constantes en la cabeza.
Los demandantes argumentan que las federaciones han fallado en su deber de protección, mientras que las organizaciones demandadas niegan cualquier responsabilidad, sosteniendo que los riesgos son inherentes al deporte. Desde el inicio del caso en 2022, ha habido complicaciones debido a retrasos en la presentación de pruebas médicas y cambios en la representación legal de los jugadores. Las entidades han solicitado al tribunal la desestimación de varias demandas, resaltando que los abogados no han cumplido con las disposiciones judiciales relativas a la entrega de historiales médicos y otros documentos clave.
Por ahora, el juez principal, Jeremy Cook, ha diferido su fallo sobre la posible anulación de esta serie de casos. La situación genera incertidumbre y angustia entre los exjugadores, quienes demandan más protección y apoyo ante los daños recibidos.
En Estados Unidos, hay recursos disponibles para quienes necesiten ayuda en crisis. La Red Nacional de Prevención del Suicidio se puede contactar al 1-888-628-9454 o al 1-800-273-8255. En Argentina, el Centro de Asistencia al Suicida brinda orientación a través del 135 y el (011)5275-1135. En México, la Línea de la Vida ofrece apoyo gratuitamente al 800-911-2000. En Colombia, la Línea de la Vida está disponible en varias ciudades, y en Perú, la Línea 113 Salud ofrece asistencia emocional. En España, el Ministerio de Sanidad ha establecido la Línea 024 para la atención a la conducta suicida.








