Ginóbili explicó que las reglas de la NBA impiden que los jugadores usen anillos en la cancha, así que antes de cada encuentro guardaba el suyo dentro de la zapatilla. El inconveniente ocurrió durante un partido de visitante, en un vestuario que no tenía un sitio fijo para dejar las pertenencias. Al terminar, se sacó el calzado y advirtió que el anillo había desaparecido. Esperó que lo encontrara alguien del equipo rival, un utilero u otro compañero, pero la búsqueda fue infructuosa.
Al volver a su casa, le contó lo sucedido a su esposa. “Volví a casa y le dije a mi mujer ‘gorda, no apareció’. Me dijo ‘ponete algo que marque que estás casado’”, recordó el ex escolta de los San Antonio Spurs, con quienes jugó durante 16 temporadas y obtuvo cuatro títulos de la NBA.
La respuesta fue sencilla: compró un anillo de ocho dólares que, según dijo, pierde con frecuencia. “Agarré y compré este anillo de 8 dólares que se pierde muy seguido, pero debo llevar comprados unos diez”, señaló el jugador, casado desde hace 22 años. “Me permite jugar, entrenar porque es de goma”, contó.
Otro tramo de la entrevista estuvo dedicado a su ingreso al Salón de la Fama del básquet, el 10 de septiembre de 2022, y al discurso de agradecimiento que tuvo que preparar. Ginóbili recordó lo difícil que fue escribir unas palabras para su padre, que en ese momento atravesaba un problema de salud.
“Cuando te dicen que podés preparar un discurso de 20 minutos para agradecer a la gente que te acompañó es un muy buen ejercicio, pero difícil de ejecutarlo. Decirle a una persona que es importante es muy difícil. Decirle eso a mi papá que estaba pasando ya por una situación difícil”, explicó. El tiempo previsto para hablar cambió varias veces: al principio le asignaron 40 minutos y después lo redujeron a diez.
Mientras practicaba, no pudo contener la emoción. “Cuando lo preparé lo hice delante del espejo y me largué a llorar”, confesó. La organización le permitió recorrer el escenario el día anterior, para revisar la iluminación y decidir dónde se ubicaría su familia. “Estaba muy nervioso”, agregó.
El ex jugador también reflexionó sobre la salud mental en el deporte de alto rendimiento. “Nosotros estábamos como que éramos superhéroes, que cobramos fortunas, que no tenemos problemas, pero no es así. Ahora se habla mucho de la salud mental y llegué a agarrar un poco al final de mi carrera”, sostuvo.
Ginóbili habló además de su participación en la Generación Dorada de la selección argentina y, en particular, de la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El equipo llegó a esa competencia después de perder la final del Mundial de 2002.
“Es un orgullo impensado. El sueño de medalla es lo máximo. La experiencia espectacular y terminarla… Veníamos de perder la final del mundo en 2002 y fuimos a los Juegos para poder ganar una medalla”, relató. También destacó la confianza del plantel en sus propias posibilidades. “Nosotros sabíamos que teníamos talentos, ganas y capacidad de ganar una medalla”, afirmó.
Al recordar cómo cambió con el tiempo la valoración de aquel triunfo, Ginóbili recurrió a una comparación. “Lamentablemente los sentimientos se van yendo, pero cuando ves un video del momento es un vino que cada vez tiene mejor gusto”, expresó. Y añadió: “Fue el momento de mayor alegría deportiva en mi vida. Ahí te das cuenta de lo único e irrepetible de la situación”.
El jugador contó que, tras la conquista olímpica, recibió elogios de algunas de las figuras más reconocidas del básquet estadounidense. “Cuando volví a los Estados Unidos recibí los piropos y halagos más locos que podía recibir de leyendas y número uno”, dijo. También recordó el vínculo que había construido con sus compañeros antes de la consagración: durante su etapa de formación compartió habitación con Luis Scola, una experiencia que consideró clave. “Fue fundamental conocerlos desde chico y eso sirvió mucho en la Generación Dorada”, concluyó.








