Este proceso también afecta a otros dispositivos electrónicos con baterías de litio, como teléfonos celulares y computadoras portátiles. Sin embargo, los vehículos eléctricos incorporan sistemas de refrigeración y administración energética que permiten extender la duración de sus baterías, además de tener un uso diferente al de equipos que suelen estar sometidos a ciclos de carga más frecuentes.
En el caso de los automóviles, el reemplazo de la batería representa un desafío económico debido a su elevado costo. Este componente puede representar entre el 30% y el 40% del valor total del vehículo, con precios que actualmente pueden ubicarse entre US$12.000 y US$20.000 según la tecnología, el tamaño y la capacidad.
Dentro del mercado existen distintos tipos de baterías. Las de Fosfato de Hierro y Litio (LFP) tienen un costo menor, aunque ofrecen una eficiencia inferior frente a otras alternativas. Por otro lado, las baterías de Níquel, Cobalto y Manganeso (NCM) presentan mejores niveles de rendimiento y autonomía, aunque con un precio más elevado.
La expansión de la producción podría reducir los costos de estos componentes en los próximos años. Algunas proyecciones estiman que los valores podrían disminuir significativamente hacia 2030. Sin embargo, la pérdida de capacidad con el paso del tiempo continúa siendo un factor que genera dudas entre quienes evalúan adquirir un vehículo eléctrico.
Aunque los costos de uso suelen ser menores por el menor gasto energético y de mantenimiento, el precio inicial de compra sigue siendo elevado. Además, el mercado de vehículos usados enfrenta un desafío adicional, ya que los compradores deben considerar el posible costo de reemplazar una batería con desgaste avanzado.
Un relevamiento realizado sobre casi 10.000 vehículos eléctricos comercializados en Suecia permitió analizar el comportamiento de las baterías después de distintos niveles de uso. El estudio evaluó unidades vendidas entre 2022 y 2026 y buscó medir la pérdida de capacidad asociada a los ciclos de carga y descarga en un mercado con una alta adopción de electromovilidad.
Los resultados mostraron que varios modelos de origen coreano lograron los mejores desempeños en conservación de batería. El Kia e-Niro fue el vehículo con mayor capacidad remanente, al mantener el 97,2% de su carga luego de recorrer 10.000 kilómetros.
En segundo lugar quedó el Hyundai Kona, con una conservación del 97,1% de su capacidad en la versión equipada con batería de 64 kWh. El Kia EV6, con una batería de mayor capacidad, alcanzó un rendimiento del 95,5% tras el mismo recorrido.
El Volvo XC40 Recharge se ubicó en la cuarta posición, con una retención del 94,7%, mientras que el Polestar 2 completó los primeros lugares con un 94,3% de capacidad restante.
Entre los siguientes modelos evaluados se encontraron el BMW i3, con un 93,7%; otra versión del Polestar 2, con batería de distinto proveedor, que llegó al 93,5%; y el Tesla Model 3 equipado con batería LFP, que registró un 93,3%.
También fueron analizados modelos como el Audi e-tron 50 y el Audi e-tron 55, que conservaron alrededor del 93% de su capacidad inicial.
En el conjunto de vehículos evaluados, el promedio de kilometraje fue de poco más de 5.000 kilómetros. La gran mayoría de las unidades mantenía entre el 90% y el 100% de la capacidad original de batería, mientras que una proporción menor se encontraba entre el 75% y el 90%.
Actualmente, la mayoría de los fabricantes ofrece garantías de entre ocho y diez años para las baterías y los sistemas relacionados con su administración energética. En general, el reemplazo del componente suele evaluarse cuando la capacidad disponible cae por debajo del 75%.
El avance tecnológico y la reducción de costos serán factores determinantes para la adopción masiva de vehículos eléctricos, aunque la duración de las baterías continuará siendo uno de los aspectos centrales al momento de elegir este tipo de movilidad.








