La pasión por el fútbol a menudo desafía toda lógica, especialmente en un clásico que evoca recuerdos profundos y conmovedores. En un encuentro que simboliza la historia de dos barrios, la atmósfera se volvió electrizante: desde la imagen del Papa Francisco en una tribuna hasta los colores locales dominando el estadio, el duelo, que tiene más de 111 años de trayectoria, resultó en una celebración por un pasado que muchos evocan con nostalgia. Y aunque la tarde estaba marcada por un clima frío, el sol brindó un toque de calidez a una jornada memorable, a pesar de que en el Nuevo Gasómetro las expectativas superaron la realidad del partido. Sin embargo, para Huracán, lo que realmente importaba era haber ganado el único encuentro que les resulta significativo, logrando una victoria por 2-0 tras 25 años de frustraciones en el terreno del eterno rival. Los análisis sobre el rendimiento del equipo local probablemente se tornarán un mero detalle, dado que dominaron la mayor parte del partido y parecieron estar un paso adelante en las mejores situaciones, lo que obligó a ambos equipos a buscar un juego más vibrante. Aunque Huracán comenzó con una postura más cautelosa, en los últimos minutos de la primera parte encontró el camino para lastimar a San Lorenzo. En esta ocasión, la historia, que siempre ha favorecido al rival con una diferencia de 38 triunfos, no tuvo relevancia. En una tarde en que San Lorenzo quedó atrapado en un estado emocional complicado, Jordy Caicedo, el héroe del clásico anterior, logró anotar el 1-0 para Huracán, aprovechando un error del arquero Gill. La pausa del entretiempo no trajo alivio para el equipo necelecto, que se vio superado por sus propios fantasmas. Esta circunstancia solo se agudizó cuando los errores comenzaron a acumularse, generando frustración en los jugadores y culminando en gritos hacia Juan Cruz Rattalino tras perder un balón que derivó en el segundo gol del Globo. Este tanto, además de romper una racha de 25 años sin ganar en el Bajo Flores, también sirvió para que Huracán se deshiciera de un peso en una rivalidad donde solo había logrado salir victorioso en diciembre de 2001 desde la inauguración del estadio. La brillante definición de Caicedo estalló en una fiesta de euforia, especialmente cuando se dirigió a la hinchada local para celebrar, lo que desató la furia de varios futbolistas del equipo anfitrión, resultando en la expulsión del arquero Orlando Gill por un violento cabezazo. Este partido se convirtió en un reflejo de la situación actual de San Lorenzo, mientras Huracán saboreaba su victoria en un escenario donde todo apuntaba a la crisis del Ciclón, con un estadio entero pidiendo la salida de sus jugadores. La jornada clásica no solo se alimentó de los goles de Caicedo, sino también de la caída de un rival en problemas, consolidando una tarde inolvidable de gloria y anécdotas para el Globo.








