El Ministerio del Agro provincial lleva adelante un relevamiento para determinar la magnitud de las pérdidas. Según las primeras evaluaciones, el impacto es dispar: mientras algunas zonas no presentan daños significativos, otras, particularmente desde Campo Viera hacia el norte, registran afectaciones por las condiciones climáticas.
Octubre es históricamente el mes con mayores precipitaciones en Misiones, pero este año la situación genera mayor preocupación por la intensidad del fenómeno de El Niño, conocido como Súper Niño. Los pronósticos anticipan que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados, incluso por encima del ocurrido a comienzos de la década de 1980.
Productores con décadas de experiencia manifestaron preocupación por la frecuencia de las lluvias y la intensidad del granizo. Además, advirtieron que las condiciones podrían continuar durante los próximos meses y profundizar los daños en las explotaciones rurales.
En el caso de la yerba mate, las pérdidas todavía se concentran en sectores puntuales, pero existe preocupación por las consecuencias que podría tener la continuidad de las tormentas sobre las plantas y la próxima cosecha. La recolección se encuentra actualmente interrumpida hasta diciembre, cuando comienza la denominada cosecha fina o zafriña, que representa entre el 10% y el 15% de la producción total.
La cosecha gruesa, en tanto, comienza el 1 de abril y ya existen expectativas de una reducción en los volúmenes, en línea con la tendencia que se observa desde 2024, cuando la producción alcanzó los 1.000 millones de kilos de hoja verde.
Uno de los principales interrogantes está relacionado con el impacto que una eventual caída de la producción podría tener sobre los precios. Con el sistema de comercialización desregulado, una menor disponibilidad de materia prima podría impulsar aumentos en el valor de la hoja verde. El escenario también depende de lo que ocurra en Paraguay y el sur de Brasil, otras dos regiones productoras de yerba mate.
Los daños ocasionados por el granizo pueden ser especialmente graves cuando afectan la estructura de las plantas. En algunas chacras se reportaron pérdidas de hasta el 50% de la producción prevista para el próximo año. Además, existe el riesgo de mortandad de ejemplares cuando las piedras dañan la corteza, lo que compromete su recuperación.
El sistema de formación de precios también influye en las expectativas del sector. Desde la entrada en vigencia del DNU 70/2023, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) dejó de establecer dos veces al año un valor oficial para la hoja verde. Actualmente, los precios se negocian de acuerdo con la oferta y la demanda.
Los pequeños productores cuestionan este esquema y sostienen que la concentración de compradores en la industria molinera limita la competencia por la materia prima, lo que puede perjudicar los valores que reciben en las chacras.
Sin embargo, una eventual reducción de la producción podría modificar esa relación. Cuando disminuye la disponibilidad de hoja verde, también se reducen las existencias de yerba mate canchada que las industrias mantienen almacenadas durante el proceso de estacionamiento. Si las reservas alcanzan niveles bajos, las empresas podrían verse obligadas a ofrecer mejores precios para garantizar el abastecimiento.
De acuerdo con los registros del INYM, a fines de septiembre las existencias llegaban a 337 millones de kilos, un volumen equivalente a más de un año de consumo del mercado interno. Las estimaciones del sector indican que sería necesario que los stocks descendieran hasta unos 200 millones de kilos, equivalentes a ocho o nueve meses de consumo, para generar una presión significativa sobre los precios.
La duración del fenómeno climático será determinante para establecer el alcance de las pérdidas. Si las condiciones de El Niño se mantienen hasta mayo o junio, como anticipan algunos pronósticos regionales, podría producirse una caída muy importante en la disponibilidad de hoja verde.
La preocupación adquiere mayor relevancia por el peso de Misiones en la actividad yerbatera nacional. La provincia concentra entre el 85% y el 89% de la producción de hoja verde, mientras que el resto corresponde a Corrientes. Por eso, una afectación prolongada de los cultivos podría tener consecuencias sobre el abastecimiento de la industria.
Los registros de precipitaciones muestran la magnitud del fenómeno en el Alto Uruguay. Hasta el fin de semana pasado, San Vicente acumuló 549,9 milímetros durante octubre, mientras que San Pedro y San Antonio también superaron los 500 milímetros. En las tres localidades, los valores duplicaron los promedios históricos para este mes, según los datos de la Dirección General de Alerta Temprana.
Ante la posibilidad de que las condiciones meteorológicas continúen durante varios meses, las autoridades provinciales recomendaron adoptar medidas preventivas para reducir los daños. Entre ellas, se encuentra el fortalecimiento de las estructuras de los invernaderos y la planificación de los cultivos para evitar terrenos expuestos a inundaciones.
En paralelo, el Ministerio del Agro trabaja en la recopilación de información para determinar las pérdidas económicas y el deterioro de la capacidad productiva de las chacras. El objetivo es contar con documentación que permita gestionar asistencia financiera ante el Comité Nacional de Emergencia y Desastre Agropecuario y tramitar eventuales compensaciones a nivel nacional.
El relevamiento también cuenta con la participación del INTA y del Instituto Nacional de la Yerba Mate, que realizan evaluaciones en las explotaciones rurales para identificar los daños provocados por las tormentas.
Por el momento, las pérdidas más importantes se concentran en determinadas zonas y actividades, pero la evolución del clima durante los próximos meses será clave para determinar si los daños se extienden y comprometen los niveles de producción de la próxima campaña.








