Las condiciones climáticas en el hemisferio norte son uno de los factores que impulsan las cotizaciones. Las olas de calor extremo en Estados Unidos generan preocupación sobre el desarrollo del maíz y la soja, aunque no son el único elemento que incide sobre los mercados.
El trigo, que comenzó la semana con cierta debilidad en Estados Unidos, también podría recuperar terreno. Entre los factores que podrían favorecer una suba aparece el incremento de los ataques ucranianos contra Rusia, que podría afectar el volumen de exportaciones de ese país durante agosto y generar una mayor presión sobre los precios.
En el caso del maíz, otro elemento de atención es la búsqueda de nuevos proveedores para las importaciones, en un contexto de dificultades en el Estrecho de Ormuz derivadas del conflicto entre Israel y Estados Unidos contra Irán.
En Argentina, las perspectivas para la campaña continúan siendo favorables, aunque persisten algunos factores de incertidumbre. Si bien se espera una cosecha récord, parte de los maíces de segunda todavía no pudo ser recolectada debido a vuelcos y problemas de piso, lo que genera pérdidas de último momento.
El contexto internacional, que se refleja en los distintos contratos de futuros, y la mejora de los precios de los biocombustibles vinculada al aumento del petróleo aportan respaldo a las cotizaciones agrícolas. A esto se suman las nuevas compras realizadas por China y las condiciones climáticas extremas en Estados Unidos.
El comportamiento del clima también será determinante para la producción argentina. La evolución de El Niño genera interrogantes sobre las lluvias que se registrarán durante los próximos meses y, especialmente, sobre las ventanas de tiempo disponibles para completar las labores de siembra y posteriormente avanzar con las cosechas.
En las últimas semanas, un episodio mostró la variabilidad de las precipitaciones. Mientras se esperaban lluvias importantes en el este argentino, los principales registros se concentraron en Uruguay, donde hubo daños por granizo. En Argentina, en cambio, las precipitaciones fueron escasas y eso permitió avanzar con algunas cosechas pendientes.
Actualmente, los perfiles de los suelos en buena parte del núcleo agrícola presentan niveles de humedad elevados, aunque persisten déficits hídricos en regiones del NOA y en sectores del sur y oeste del país. Los productores buscan aprovechar las ventanas climáticas disponibles para realizar tareas que requieren condiciones específicas y que no pueden ser reemplazadas completamente por herramientas tecnológicas.
Entre los cultivos que generan mayores expectativas aparece el girasol. Con precios cercanos a los US$500 por tonelada y una superficie proyectada de alrededor de 3 millones de hectáreas, el cultivo podría alcanzar una producción récord de aproximadamente 8 millones de toneladas.
El escenario favorable para el girasol se explica por las cotizaciones internacionales y por las dudas sobre la capacidad de abastecimiento de algunos de los principales productores mundiales, entre ellos Ucrania y Rusia.
En el mercado interno, el aumento del precio del maíz representa una competencia para el girasol, aunque también aparecen otros factores que podrían favorecer su expansión. Entre ellos se encuentra el incremento de las poblaciones de chicharritas, una plaga que había disminuido durante la campaña anterior y que podría afectar determinadas áreas agrícolas, especialmente fuera del NEA, donde actualmente concentra una mayor presencia.
Con este escenario, el sector agrícola enfrenta una campaña marcada por mejores precios internacionales, oportunidades para algunos cultivos y un clima que seguirá siendo determinante para definir los resultados productivos.








