Argentina aparece entre los países con mayores recursos mineros de la región, con reservas de litio, cobre, oro, plata y uranio. El desarrollo de esta actividad es considerado un factor para diversificar la matriz exportadora, junto con sectores como la energía y la agroindustria.
En los últimos años, la implementación del Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI) buscó generar condiciones de mayor estabilidad fiscal y reducir la incertidumbre para proyectos de largo plazo. Estas condiciones permitieron avanzar en iniciativas que permanecían demoradas y recibieron respaldo de organismos internacionales.
En 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron un récord de 6.037 millones de dólares, equivalentes al 6,9% de las ventas externas del país. San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy y Santa Cruz concentran buena parte del interés inversor, aunque también existen oportunidades en Mendoza, Río Negro y Chubut.
El potencial de crecimiento está especialmente vinculado con el cobre y el litio. La concreción de proyectos cupríferos como Vicuña, Los Azules, El Pachón, Taca Taca y Mara, junto con una consolidación de la producción de litio en el Norte Grande, podría incrementar de manera significativa las exportaciones mineras argentinas.
La comparación con otros países de la región muestra la magnitud de esa oportunidad. Chile cuenta con unos 200.000 empleos directos vinculados con la minería y otros 500.000 relacionados con sus encadenamientos productivos. Es el principal productor mundial de cobre y también tiene una posición destacada en litio. En 2025, sus exportaciones mineras alcanzaron los 63.000 millones de dólares, cerca del 60% de sus ventas externas.
Perú, otro de los principales productores de cobre, registró exportaciones mineras por 61.000 millones de dólares, equivalentes al 68% de sus exportaciones, y alrededor de 280.000 empleos directos. En términos comparativos, las exportaciones mineras chilenas fueron nueve veces superiores a las argentinas, mientras que las peruanas superaron en siete veces las ventas argentinas.
El contraste también pone el foco en las diferencias de desarrollo de la actividad. En el caso argentino, los ciclos de inestabilidad económica, la inflación y distintas rigideces estructurales afectaron el crecimiento de una industria que requiere grandes inversiones y plazos extensos. La previsibilidad normativa y la estabilidad de las reglas aparecen como factores centrales para avanzar en nuevos proyectos.
La relación con Chile constituye otro de los ejes para el desarrollo minero. El Tratado de Integración y Complementación Minera, firmado entre ambos países en 1997, establece un marco para el desarrollo de proyectos sobre una geología compartida. El acuerdo facilita, entre otros aspectos, el traslado de equipos, insumos y personal especializado, además del uso de infraestructura.
La integración bilateral también tuvo antecedentes en materia energética. Entre 1997 y 2005, Argentina exportó hidrocarburos y electricidad a Chile, un proceso que posteriormente se interrumpió por decisiones políticas. Con los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei se retomó el abastecimiento energético hacia el país vecino.
El marco establecido por el tratado minero volvió a generar interés entre inversores internacionales. En la actualidad, siete de las diez principales empresas mineras del mundo tienen presencia en Argentina, según los datos consignados en el análisis del sector.
La cooperación entre ambos países plantea además la posibilidad de profundizar la integración logística y energética. La reactivación de las sesiones de la Comisión Administradora del Tratado de Integración y Complementación Minera coincide con un mayor interés de inversores de ambos países en proyectos vinculados con minería y energía.
La experiencia chilena también aparece como una referencia para el desarrollo de la minería de gran escala en Argentina, particularmente en áreas como capacitación, infraestructura, logística y exportaciones. En este sentido, existen antecedentes de operaciones que permiten trasladar agua desalinizada desde el Pacífico hacia complejos mineros ubicados a unos 4.000 metros de altura.
En San Juan, el distrito Vicuña concentra uno de los cinco mayores yacimientos de cobre del mundo, lo que refuerza el potencial de la provincia y de la Argentina para ampliar su participación en el mercado internacional del mineral.
El desarrollo de la minería también podría generar efectos sobre otras actividades productivas, entre ellas la industria automotriz y tecnológica. A esto se suman las gestiones de la Cancillería argentina para avanzar en acuerdos comerciales con distintos mercados, entre ellos Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, además de iniciativas vinculadas con el espacio TransPacífico.
El RIGI es presentado como uno de los instrumentos destinados a mejorar el atractivo de Argentina para las inversiones mineras. Durante una presentación ante el Congreso, desde el sector minero se señaló que el régimen permitió recuperar el interés de inversores internacionales. También se destacó que, durante sus primeros 18 meses, el esquema captó proyectos por 33.876 millones de dólares.
El desafío para Argentina consiste ahora en transformar sus recursos geológicos en producción sostenible, con condiciones estables para las inversiones, infraestructura adecuada y una red competitiva de proveedores. El desarrollo de una política minera de largo plazo podría permitirle al país aumentar su participación en el mercado mundial durante la próxima década.
En paralelo, una mayor integración entre Argentina y Chile en minería y energía podría profundizar la complementariedad entre ambas economías y generar una plataforma productiva conjunta para el Cono Sur.








