Tras una sesión intensa de entrenamiento, el dolor muscular de aparición tardía puede extenderse entre 12 y 24 horas después del ejercicio y suele ceder en dos o tres días, una respuesta frecuente del cuerpo ante cargas nuevas o más exigentes. Prevention reunió la visión de especialistas en fitness y rehabilitación para detallar qué medidas alivian ese malestar y en qué casos conviene consultar a un médico.
La molestia, conocida como DOMS (por sus siglas en inglés: Delayed Onset Muscle Soreness), se produce cuando las fibras musculares sufren pequeñas lesiones durante ejercicios de fuerza, resistencia o actividades intensas. Prevention detalla que este mecanismo genera inflamación local, acompañada de sensaciones de rigidez, pesadez y dolor, y es parte del proceso por el cual el músculo se fortalece con el entrenamiento.
La molestia, conocida como DOMS (por sus siglas en inglés: Delayed Onset Muscle Soreness), se produce cuando las fibras musculares sufren pequeñas lesiones durante ejercicios de fuerza, resistencia o actividades intensas. Prevention detalla que este mecanismo genera inflamación local, acompañada de sensaciones de rigidez, pesadez y dolor, y es parte del proceso por el cual el músculo se fortalece con el entrenamiento.
La entrenadora personal certificada Patricia Greaves explicó que el dolor aparece cuando un grupo muscular enfrenta un estímulo al que no está habituado. Además, retomar el ejercicio tras una pausa o aumentar la intensidad puede potenciar la aparición del DOMS.
factores como la sobrecarga en un mismo músculo, la falta de pausas adecuadas o el entrenamiento intenso en días consecutivos agravan el cuadro. También señaló que una hidratación insuficiente y una alimentación inadecuada incrementan la sensación dolorosa.
Aunque la reacción inicial suele ser el reposo absoluto, varios expertos ubican al movimiento liviano entre las primeras herramientas para aliviar el cuadro. Caminar, pedalear a baja intensidad o realizar ejercicios de movilidad permiten que el músculo se contraiga y se relaje, algo que favorece la circulación sanguínea y el desplazamiento de fluidos en los tejidos.
la actividad ligera ayuda a aflojar los tejidos blandos y puede reducir la percepción del dolor. La recomendación apunta a evitar cualquier esfuerzo exigente sobre la zona afectada y optar por una carga que no incremente la molestia. Si el dolor se concentra en las piernas, una rutina de tren superior o una caminata corta puede servir como alternativa de recuperación activa.
Otra medida extendida es el uso de estiramientos controlados y del rodillo de espuma estirar los tejidos blandos dentro de un rango cómodo favorece el movimiento de fluidos y puede disminuir la molestia.
por su parte, funciona como automasaje para comprimir y relajar las fibras musculares, mejorando la circulación local.
La elección entre frío y calor depende del tipo de dolor si existe distensión o inflamación, una compresa fría puede servir para bajar la hinchazón y ofrecer alivio transitorio. Para la molestia muscular general, en cambio, el calor mediante almohadilla térmica, parche o crema puede aumentar el flujo sanguíneo local.
Otra opción son las pistolas de masaje. La especialista afirmó que su acción percusiva rápida puede elevar el flujo sanguíneo en poco tiempo y contribuir a estirar los tejidos, con un efecto favorable sobre la percepción del dolor. Como en el resto de las herramientas, la intensidad debe adaptarse a la tolerancia de cada persona.
Hidratación, proteínas y baños con sal de Epsom
La recuperación muscular también se apoya en una adecuada hidratación y la ingesta de proteínas. Greaves subraya que estos factores favorecen la reparación de las fibras y el crecimiento muscular tras entrenamientos intensos.
Entre las prácticas hogareñas, los baños con sal de Epsom quien sostiene que el calor del agua y la relajación ayudan a disminuir la tensión en los músculos.
El reposo sigue siendo una pieza del proceso, sobre todo cuando un músculo recibió una carga alta. Greaves sostuvo que destinar un día de recuperación al grupo afectado ayuda a la reparación y reduce el riesgo de lesión. Esa pausa no implica necesariamente suspender toda actividad física, sino reorganizar la rutina para trabajar otras zonas del cuerpo.
Frente a la duda sobre si es seguro entrenar con agujetas o dolor muscular tardío, la respuesta general de los especialistas es afirmativa, con ajustes. Caminatas, bicicleta liviana, movilidad dinámica o natación suave integran la lista de actividades recomendadas. la clave pasa por evitar movimientos intensos sobre el músculo afectado y mantener la actividad dentro de límites tolerables.
Cuándo el dolor deja de ser normal
La diferencia entre una molestia normal y un dolor que requiere atención médica radica en la intensidad y duración. El malestar típico suele aparecer horas después del esfuerzo y mejora en pocos días. En cambio, un dolor punzante durante el movimiento, que empeora progresivamente o se acompaña de hinchazón, puede indicar una lesión aguda. En estos casos, la consulta con un profesional de la salud es indispensable para descartar daños mayores.








