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Carlos Abriata, el candidato inesperado que busca presidir Boca Juniors

28 septiembre, 2026
in Deportes
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Los carteles comenzaron a aparecer sorpresivamente. Primero en diferentes puntos de la Ciudad de Buenos Aires, luego en el Gran Buenos Aires y en diversas localidades del interior. Sin logos de agrupaciones ni números de lista, sin cargos que acompañen su nombre ni promesas detalladas: solo un nombre, una consigna y un año que en el entorno boquense marca el inicio. Se trata de la primera manifestación pública de una candidatura a la presidencia de Boca Juniors, que hasta el momento había transitado en un perfil bajo.

Carlos Abriata es el nombre en cuestión y, para muchos socios, puede que aún no represente una referencia clara. Carece de un cargo en la dirigencia, no proviene de agrupaciones conocidas y, hasta hace poco, su nombre circulaba principalmente entre dirigentes y allegados al club. Este artículo pretende reconstruir su perfil a partir de su trayectoria, sus apariciones públicas y el mensaje que está proyectando.

Originario de Tartagal, en el norte de Salta, gran parte de su carrera se desarrolló en el exterior, especialmente en el ámbito de los negocios y en particular en la industria deportiva global. Es CEO de FANTIX y socio de SECUTIX, empresas que se especializan en tecnología de ticketing y que han trabajado con organizaciones como FIFA, UEFA y CONMEBOL. Abriata se describe a sí mismo como alguien que ha dedicado sus últimos años a crear la tecnología que permite la venta de entradas para algunos de los eventos deportivos más destacados del mundo.

Este antecedente podría ofrecer parte de la explicación detrás de su candidatura: al no haber ocupado ningún cargo en el club y no estar estrechamente vinculado a las distintas organizaciones que han disputado el control de Boca en las últimas dos décadas, se presenta como un outsider.

Recientemente se estableció en Buenos Aires, pero sigue viajando a los Estados Unidos, donde reside parte de su familia. Está autofinanciando su campaña, lo cual presenta como una garantía de independencia y, por el momento, es la única información pública disponible sobre cómo se sostiene económicamente.

Abriata ha pasado la mayor parte de su adultez en el extranjero, pero, según relata, siempre mantuvo al club como una constante en su vida. La imagen que proyecta es la de un hincha del interior que hace lo posible por estar cerca: viajes en colectivo desde Salta, horas de vuelo desde el exterior, y traslados a distintas ciudades solo para poder ver un partido.

Reitera frecuentemente que nunca estuvo alejado de Boca, solo de la Argentina.

En las últimas semanas, su presencia ha cobrado mayor visibilidad a través de las redes sociales y el trabajo de su equipo de comunicación. Abriata emprendió una gira visitando clubes como el Real Madrid, Barcelona, Inter, Manchester City, Everton y Fiorentina, donde fue recibido por presidentes, vicepresidentes y departamentos comerciales. Desde esos sitios, compartió imágenes y videos de recorridos por canteras, centros de entrenamiento y estadios, así como también de los proyectos de renovación de dichos espacios.

En uno de sus posteos comentó que visitar un club implica entender su filosofía: formación, infraestructura, trabajo y una visión global a largo plazo. Este recorrido no parece ser casual, ya que en cada lugar emergen temas que luego retoma en su discurso sobre Boca, tales como el desarrollo de la cantera, el crecimiento comercial y el estadio del futuro. Sin embargo, queda la pregunta sobre cuán aplicable es su propuesta a un club con 300 mil socios y necesidades distintas a las de esos gigantes deportivos.

Al mirar en conjunto sus declaraciones, el discurso de Abriata gira en torno a una idea central: los problemas que enfrenta Boca son recurrentes y siempre se discuten con la misma lógica desde hace dos décadas. Si bien cambian los nombres, el método resulta ser el mismo. La última ocasión en que el equipo se alzó con la Libertadores fue en 2007, y su conclusión es que dos décadas de discusiones bajo el mismo formato explican los problemas actuales.

Su análisis sugiere que Boca ha sido utilizado: como plataforma para ambiciones políticas, como escenario para resolver cuestiones personales y para dirimir diferencias entre dirigentes de larga data. En este contexto, el club queda como rehén; se pelea con la camiseta puesta, pero los conflictos son ajenos a los verdaderos intereses del club.

Por ello, propone una diferenciación entre dos formas de lucha: por Boca y para Boca, donde la primera busca un objetivo que el hincha comprende y apoya, mientras que la segunda actúa como justificación para una interna o saldar rencores. Para él, la primera es necesaria, mientras que la segunda ha inmovilizado a la institución.

Este diagnóstico se complementa con datos sobre la membresía del club. Según sus estimaciones, del 65 al 70 por ciento de los ingresos provienen de las cuotas de socios y de la venta de camisetas, pero, sin embargo, quienes llenan las arcas del club son los que menos información reciben: describe a Boca como una caja negra. Con una base de casi 300 mil socios, alrededor de 120 mil tienen derecho a voto, pero en las últimas elecciones solo emitieron su sufragio 50 mil. Los 70 mil ausentes son el público al que dirige buena parte de su campaña, y su argumento es claro: no se ausentaron por desinterés, sino porque dejaron de creer que el club los representa.

Su ejemplo favorito es el de las entradas: para él, no se trata de cuántas personas ingresan, sino de quién toma las decisiones sobre quién entra al estadio.

La respuesta a ese diagnóstico es la amnistía de rencores, una propuesta que busca diferenciarlo de otros aspirantes. Abriata la define como una invitación y no como un perdón: no interroga el pasado de cada dirigente, sino cuál es su deseo para Boca. Su propuesta va dirigida a dirigentes de todos los sectores, así como a aquellos que no están en la arena política del club; busca atraer a hinchas exitosos en sus respectivos campos que observan al club desde afuera. Asimismo, para quienes ya forman parte del entorno, representa una segunda oportunidad: la posibilidad de dejar atrás antiguas heridas y trabajar todos juntos hacia un mismo objetivo.

Abriata no es el único que considera una alternativa al liderazgo actual de Juan Román Riquelme. En el sector opositor, suenan otros nombres y aún no está claro si las distintas candidaturas se unirán antes de las elecciones.

No obstante, Abriata se resiste a ser etiquetado como opositor y prefiere posicionarse como un candidato del futuro, sin vínculos con el pasado y con un compromiso firme hacia lo que está por venir. Sin embargo, esta postura no implica una neutralidad frente a la conducción actual; no se alinea con Riquelme y mantiene una posición crítica hacia el presidente. Afirma, además, que a diferencia de otros candidatos, su deseo es que Boca gane siempre y sea campeón, independientemente de quién ocupe la presidencia. Esta afirmación podría ser objeto de debate por parte de sus potenciales rivales y, en última instancia, el tiempo será el encargado de demostrar su validez.

Respecto a Riquelme, evita cualquier descalificación personal y distingue entre dos aspectos: el ídolo y el presidente. Sobre el ídolo, declara que nunca hablará mal de él, ya que lo que hizo con la camiseta es irrefutable. Sin embargo, se refiere al presidente de manera crítica, respaldándose en datos: cuenta con el voto más importante en la historia del club, posee los recursos necesarios, el estadio lleno y la ausencia de oposición, y a pesar de ello, en su gestión Boca no ha conseguido títulos.

La última Libertadores se ganó cuando Riquelme estaba en la cancha, y desde que asume como presidente, el club no ha logrado ese mismo éxito. Abriata le exige a Riquelme lo mismo que él demanda de los jugadores: resultados, esfuerzo y compromiso. Más que cuestionar a la persona, critica un estilo de gestión: decisiones apresuradas, tomadas en soledad y sin la debida explicación.

El lema de su campaña, “vivir para Boca”, resume una diferencia que Abriata explica de la siguiente manera: vivir a lo Boca implica adoptar una actitud ante la vida (luchar contra la adversidad, no resignarse, dar el máximo esfuerzo), algo que asegura haber aprendido en la cancha y que intenta transmitir a sus tres hijos. Por el contrario, vivir para Boca es una decisión, y es lo que le exige al futuro líder del club: que Boca sea el objetivo final y no una herramienta para fines personales, que no se convierta en un negocio ajeno.

Esa decisión, según sostiene, conlleva un costo: está dispuesto a pausar su carrera profesional durante los próximos años para dedicarse al club, afirmando que se encuentra en el momento propicio para hacerlo y autofinancia su campaña, incluida su estrategia comunicacional. Sin embargo, por ahora, estas son afirmaciones que carecen de verificación externa, como gran parte de la biografía con la que se presenta.

El futuro es incierto. La fecha de las elecciones en Boca aún está lejana, no es claro si otros candidatos que se posicionan como diferentes a Riquelme lograrán unirse, y la amnistía de rencores que propone Abriata depende de un nivel de adhesión que por el momento no existe. Los carteles han presentado un nombre, pero queda por delante la tarea de construir lo demás.

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Carlos Abriata es el nombre en cuestión y, para muchos socios, puede que aún no represente una referencia clara. Carece de un cargo en la dirigencia, no proviene de agrupaciones conocidas y, hasta hace poco, su nombre circulaba principalmente entre dirigentes y allegados al club. Este artículo pretende reconstruir su perfil a partir de su trayectoria, sus apariciones públicas y el mensaje que está proyectando.

Originario de Tartagal, en el norte de Salta, gran parte de su carrera se desarrolló en el exterior, especialmente en el ámbito de los negocios y en particular en la industria deportiva global. Es CEO de FANTIX y socio de SECUTIX, empresas que se especializan en tecnología de ticketing y que han trabajado con organizaciones como FIFA, UEFA y CONMEBOL. Abriata se describe a sí mismo como alguien que ha dedicado sus últimos años a crear la tecnología que permite la venta de entradas para algunos de los eventos deportivos más destacados del mundo.

Este antecedente podría ofrecer parte de la explicación detrás de su candidatura: al no haber ocupado ningún cargo en el club y no estar estrechamente vinculado a las distintas organizaciones que han disputado el control de Boca en las últimas dos décadas, se presenta como un outsider.

Recientemente se estableció en Buenos Aires, pero sigue viajando a los Estados Unidos, donde reside parte de su familia. Está autofinanciando su campaña, lo cual presenta como una garantía de independencia y, por el momento, es la única información pública disponible sobre cómo se sostiene económicamente.

Abriata ha pasado la mayor parte de su adultez en el extranjero, pero, según relata, siempre mantuvo al club como una constante en su vida. La imagen que proyecta es la de un hincha del interior que hace lo posible por estar cerca: viajes en colectivo desde Salta, horas de vuelo desde el exterior, y traslados a distintas ciudades solo para poder ver un partido.

Reitera frecuentemente que nunca estuvo alejado de Boca, solo de la Argentina.

En las últimas semanas, su presencia ha cobrado mayor visibilidad a través de las redes sociales y el trabajo de su equipo de comunicación. Abriata emprendió una gira visitando clubes como el Real Madrid, Barcelona, Inter, Manchester City, Everton y Fiorentina, donde fue recibido por presidentes, vicepresidentes y departamentos comerciales. Desde esos sitios, compartió imágenes y videos de recorridos por canteras, centros de entrenamiento y estadios, así como también de los proyectos de renovación de dichos espacios.

En uno de sus posteos comentó que visitar un club implica entender su filosofía: formación, infraestructura, trabajo y una visión global a largo plazo. Este recorrido no parece ser casual, ya que en cada lugar emergen temas que luego retoma en su discurso sobre Boca, tales como el desarrollo de la cantera, el crecimiento comercial y el estadio del futuro. Sin embargo, queda la pregunta sobre cuán aplicable es su propuesta a un club con 300 mil socios y necesidades distintas a las de esos gigantes deportivos.

Al mirar en conjunto sus declaraciones, el discurso de Abriata gira en torno a una idea central: los problemas que enfrenta Boca son recurrentes y siempre se discuten con la misma lógica desde hace dos décadas. Si bien cambian los nombres, el método resulta ser el mismo. La última ocasión en que el equipo se alzó con la Libertadores fue en 2007, y su conclusión es que dos décadas de discusiones bajo el mismo formato explican los problemas actuales.

Su análisis sugiere que Boca ha sido utilizado: como plataforma para ambiciones políticas, como escenario para resolver cuestiones personales y para dirimir diferencias entre dirigentes de larga data. En este contexto, el club queda como rehén; se pelea con la camiseta puesta, pero los conflictos son ajenos a los verdaderos intereses del club.

Por ello, propone una diferenciación entre dos formas de lucha: por Boca y para Boca, donde la primera busca un objetivo que el hincha comprende y apoya, mientras que la segunda actúa como justificación para una interna o saldar rencores. Para él, la primera es necesaria, mientras que la segunda ha inmovilizado a la institución.

Este diagnóstico se complementa con datos sobre la membresía del club. Según sus estimaciones, del 65 al 70 por ciento de los ingresos provienen de las cuotas de socios y de la venta de camisetas, pero, sin embargo, quienes llenan las arcas del club son los que menos información reciben: describe a Boca como una caja negra. Con una base de casi 300 mil socios, alrededor de 120 mil tienen derecho a voto, pero en las últimas elecciones solo emitieron su sufragio 50 mil. Los 70 mil ausentes son el público al que dirige buena parte de su campaña, y su argumento es claro: no se ausentaron por desinterés, sino porque dejaron de creer que el club los representa.

Su ejemplo favorito es el de las entradas: para él, no se trata de cuántas personas ingresan, sino de quién toma las decisiones sobre quién entra al estadio.

La respuesta a ese diagnóstico es la amnistía de rencores, una propuesta que busca diferenciarlo de otros aspirantes. Abriata la define como una invitación y no como un perdón: no interroga el pasado de cada dirigente, sino cuál es su deseo para Boca. Su propuesta va dirigida a dirigentes de todos los sectores, así como a aquellos que no están en la arena política del club; busca atraer a hinchas exitosos en sus respectivos campos que observan al club desde afuera. Asimismo, para quienes ya forman parte del entorno, representa una segunda oportunidad: la posibilidad de dejar atrás antiguas heridas y trabajar todos juntos hacia un mismo objetivo.

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No obstante, Abriata se resiste a ser etiquetado como opositor y prefiere posicionarse como un candidato del futuro, sin vínculos con el pasado y con un compromiso firme hacia lo que está por venir. Sin embargo, esta postura no implica una neutralidad frente a la conducción actual; no se alinea con Riquelme y mantiene una posición crítica hacia el presidente. Afirma, además, que a diferencia de otros candidatos, su deseo es que Boca gane siempre y sea campeón, independientemente de quién ocupe la presidencia. Esta afirmación podría ser objeto de debate por parte de sus potenciales rivales y, en última instancia, el tiempo será el encargado de demostrar su validez.

Respecto a Riquelme, evita cualquier descalificación personal y distingue entre dos aspectos: el ídolo y el presidente. Sobre el ídolo, declara que nunca hablará mal de él, ya que lo que hizo con la camiseta es irrefutable. Sin embargo, se refiere al presidente de manera crítica, respaldándose en datos: cuenta con el voto más importante en la historia del club, posee los recursos necesarios, el estadio lleno y la ausencia de oposición, y a pesar de ello, en su gestión Boca no ha conseguido títulos.

La última Libertadores se ganó cuando Riquelme estaba en la cancha, y desde que asume como presidente, el club no ha logrado ese mismo éxito. Abriata le exige a Riquelme lo mismo que él demanda de los jugadores: resultados, esfuerzo y compromiso. Más que cuestionar a la persona, critica un estilo de gestión: decisiones apresuradas, tomadas en soledad y sin la debida explicación.

El lema de su campaña, "vivir para Boca", resume una diferencia que Abriata explica de la siguiente manera: vivir a lo Boca implica adoptar una actitud ante la vida (luchar contra la adversidad, no resignarse, dar el máximo esfuerzo), algo que asegura haber aprendido en la cancha y que intenta transmitir a sus tres hijos. Por el contrario, vivir para Boca es una decisión, y es lo que le exige al futuro líder del club: que Boca sea el objetivo final y no una herramienta para fines personales, que no se convierta en un negocio ajeno.

Esa decisión, según sostiene, conlleva un costo: está dispuesto a pausar su carrera profesional durante los próximos años para dedicarse al club, afirmando que se encuentra en el momento propicio para hacerlo y autofinancia su campaña, incluida su estrategia comunicacional. Sin embargo, por ahora, estas son afirmaciones que carecen de verificación externa, como gran parte de la biografía con la que se presenta.

El futuro es incierto. La fecha de las elecciones en Boca aún está lejana, no es claro si otros candidatos que se posicionan como diferentes a Riquelme lograrán unirse, y la amnistía de rencores que propone Abriata depende de un nivel de adhesión que por el momento no existe. Los carteles han presentado un nombre, pero queda por delante la tarea de construir lo demás.
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