Respecto a esta “resiliencia” de la economía argentina, el FMI comentó en una conferencia de prensa que “se espera que mejore el momentum del crecimiento económico por las exportaciones y las inversiones”.
Por otro lado, se prevé que la inflación alcance un 25% para finales de 2026, con expectativas de que descienda a un dígito para 2028. La economista Petya Koeva Brooks afirmó: “Si bien los precios de la energía contribuyeron a un aumento de la inflación, se espera que se sostenga la desaceleración”.
El interrogante que se plantea es cuánto se mantendrá este favorable escenario de “viento de cola” en el ingreso de divisas. Según las proyecciones del panorama global presentado en el World Economic Outlook (WEO), no se anticipa un regreso a los precios anteriores al conflicto en Medio Oriente, ni se espera que el precio del petróleo vuelva a escalar a los niveles extremos que había descontado el mercado.
Aunque el impulso seguirá siendo positivo, se espera que sea menor en intensidad. El Fondo resumió que “la economía mundial está siendo moldeada por dos grandes fuerzas que empujan en direcciones opuestas: el shock negativo provocado por la guerra en Medio Oriente y el shock positivo asociado al avance de la inteligencia artificial”.
Una de las novedades más importantes del informe es la idea de que se espera que los precios de la energía se mantengan elevados incluso si el estrecho de Ormuz comienza a normalizarse a partir de julio, según el escenario base del FMI. Esto sitúa la proyección del precio promedio del petróleo en 89 dólares por barril para 2026, lo que representa un aumento del 32% en comparación con 2025.
Al mismo tiempo, el organismo aclaró que el mercado ha conseguido absorber en parte el choque mediante el uso de inventarios, alejándose del caso extremo que habían analizado meses atrás, que preveía un barril a casi 100 dólares.
El mensaje para Argentina es claro: el sector energético seguirá en un entorno internacional favorable, aunque sin los precios extraordinarios que se habrían producido en un contexto geopolítico prolongado y adverso.
El impacto se extiende más allá del petróleo; se prevé un aumento del 22% en los precios del gas natural, del 26% en los fertilizantes y un 8% adicional en los alimentos durante 2026, debido a mayores costos energéticos y de transporte. Aunque no existen proyecciones específicas sobre la soja, el maíz o el trigo, el contexto sugiere que los precios internacionales de productos agrícolas se mantendrán sustentados por el encarecimiento de toda la cadena de producción.
Para Argentina, esto implica un doble efecto: mejores condiciones para las exportaciones agroindustriales, pero también costos crecientes en el sector debido al aumento de los precios de fertilizantes y otros insumos.
Con este panorama, el FMI decidió dejar sin cambios sus perspectivas para la economía argentina, manteniendo un crecimiento proyectado del 3,5% para 2026 y del 4% para 2027. La estabilidad de estas proyecciones indica que el nuevo escenario internacional no altera significativamente el rumbo previsto para la economía local. La atenuación de efectos desfavorables en el crecimiento global podría ser compensada por condiciones de precios internacionales relativamente favorables.
Sin embargo, el informe también advierte a los países exportadores de materias primas. El FMI menciona que los beneficiados del nuevo contexto global serán, por un lado, los exportadores de energía y, por otro, las economías integradas a la cadena de la inteligencia artificial. “Los exportadores de energía fuera de la zona del conflicto se benefician de mejores términos de intercambio, mientras que las economías adscriptas al ciclo tecnológico liderado por la IA muestran una mayor actividad”, destacó el organismo.
A pesar de esto, el Fondo mantiene sus proyecciones para la economía global prácticamente sin cambios: se prevé un crecimiento del 3% para este año y del 3,4% en 2027. No obstante, subraya que este resultado oculta crecientes divergencias entre los países que se benefician de la nueva tecnología y aquellos que dependen exclusivamente de la exportación de materias primas.
Para el FMI, la inteligencia artificial está compensando los efectos negativos de la guerra, creando un ciclo tecnológico que fomenta la inversión en infraestructura, semiconductores y centros de datos, además de mejorar la productividad en las economías más integradas a esta cadena de valor.
En este contexto, el organismo recomienda mantener el enfoque en la inflación, evitar subsidios generalizados, reconstruir el espacio fiscal e invertir en productividad, así como fomentar una cooperación más estrecha y reducir barreras comerciales para evitar la fragmentación de la economía global.








