En esta temporada, Max Verstappen contaba con un poderoso Red Bull, lo que lo convirtió en un serio competidor por el título. Tras el Gran Premio de Gran Bretaña, que se desarrolló en Silverstone y estuvo marcado por un incidente controvertido en la primera vuelta, Hamilton recibió una penalización de 10 segundos, mientras que Verstappen sufrió un choque violento en la curva de Copse que lo dejó fuera de la carrera. Aunque inicialmente se temió por su bienestar, la evaluación médica resultó tranquila, aunque la tensión entre los pilotos se intensificó.
Ambos pilotos habían sumado cinco victorias cada uno y contaban con tres segundos puestos, pero Verstappen lideraba levemente el Campeonato Mundial de Constructores, 179 puntos frente a 172. Así llegaron al primer fin de semana de agosto en el circuito de Hungaroring, donde se celebraría el Gran Premio de Hungría, un evento que, cinco años atrás, dejó una huella memorable en la historia de la Fórmula 1.
El 1° de agosto marcó el día en que Hamilton se presentó en la línea de partida completamente solo, creando una de las escenas más inusuales vistas en la categoría. Al apagarse el semáforo, el piloto británico inició la carrera sin contrincantes a la vista, lo que resultó ser una imagen impactante y surrealista.
Todo comenzó con una complicada salida en condiciones de lluvia, donde Valtteri Bottas, también de Mercedes, bloqueó los frenos en la curva uno, provocando un accidente que eliminó a varios competidores, entre ellos Sergio Pérez, Lando Norris y Charles Leclerc. La bandera roja interrumpió la carrera. Todos los pilotos habían optado por neumáticos intermedios para el clima mojado.
Mientras la lluvia cesaba y la pista comenzaba a secarse, los equipos se preparaban para reanudar la carrera. La mayoría optó por cambiar a neumáticos lisos, a excepción de Mercedes, que decidió mantener a Hamilton en intermedios. Dado que los autos que entran en boxes durante la vuelta de formación deben iniciar desde el pit lane, el heptacampeón se quedó solo en la parrilla de salida.
Cuando se apagaron las luces rojas, aceleró, convirtiéndose en el único competidor en la recta principal mientras los otros 14 autos esperaban en la salida de boxes. Esa imagen, insólita y única, capturó un momento que parecía salido de una ficticia edición digital, pero era totalmente real.
La extraña situación duró una vuelta. Mercedes se dio cuenta rápidamente de su error y retiró a Hamilton para colocarle los neumáticos adecuados, lo que lo llevó al último puesto en el grupo restante. A pesar de que era solo la undécima carrera de un total de 22, la competencia estaba muy reñida y el enfrentamiento con Verstappen era intenso. Hamilton expresó después: “Le estaba diciendo al equipo cómo estaba la pista, ellos pensaban que la lluvia iba a volver, y de repente vi a todos entrar al pit lane. Una locura”.
Lo que se presentó como una carrera perdida se transformó en una notable remontada para Hamilton, quien fue superando a cada rival hasta terminar en tercer lugar, detrás de Esteban Ocon y Sebastian Vettel. Posteriormente, Vettel fue descalificado por una infracción técnica, lo que le permitió a Hamilton heredar el segundo puesto. Ocon, por su parte, celebró su primera victoria en Fórmula 1, en una jornada memorable para su equipo, con la ayuda de la defensa magistral de Fernando Alonso ante Hamilton.
Finalmente, Verstappen se consagró campeón del título mundial en una carrera memorable en Abu Dhabi, marcando el inicio de una serie de cuatro campeonatos consecutivos que lo establecerían como uno de los grandes. Mientras tanto, han pasado cinco años y la Fórmula 1 vuelve a Hungaroring. Recordar el Gran Premio de Hungría evoca esa escena inolvidable: Hamilton en la parrilla de salida, completamente solo, con el resto de la competencia observándolo desde el pit lane. Esa fotografía encapsula la imprevisibilidad y emoción de la Fórmula 1.








