Los datos reflejan las dificultades que atraviesa el sector productivo para poner en marcha nuevos proyectos, ampliar instalaciones o renovar sus bienes de capital. Entre los principales condicionantes aparecen la debilidad de la actividad económica, las limitaciones para acceder al financiamiento y el impacto todavía reducido del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El comportamiento de los distintos rubros mostró diferencias durante septiembre. La inversión en construcción aumentó un 4,5% interanual y consiguió volver a terreno positivo después de cinco meses consecutivos de caídas. Sin embargo, la adquisición de maquinaria y equipos se desplomó un 12,3% en comparación con el mismo mes del año anterior. Dentro de ese segmento, los bienes nacionales retrocedieron un 3,8%, mientras que los importados cayeron un 17,2%.
Esta última variación expone las dificultades para impulsar la inversión en capital, incluso en un contexto de relativa estabilidad cambiaria. Las decisiones empresariales de ampliación y renovación de equipamiento continúan postergándose, mientras que la menor participación del sector público tampoco encuentra una compensación suficiente en los desembolsos privados.
Uno de los factores que explican este comportamiento es la baja rentabilidad esperada de los proyectos. El volumen de ventas sigue condicionado por la escasa generación de empleo y los salarios que todavía no recuperaron plenamente su capacidad de compra. Al mismo tiempo, los márgenes de las empresas enfrentan presiones por el incremento de los costos, especialmente las tarifas de los servicios públicos. Esta situación tiene un impacto particular en la industria, debido a su elevado consumo energético.
Las dificultades de financiamiento representan otro límite para la recuperación. Las tasas de interés elevadas y la escasa disponibilidad de préstamos en pesos reducen las posibilidades de concretar inversiones. En dólares, el crédito se concentra principalmente en las empresas exportadoras, mientras que la flexibilización implementada a fines de julio para facilitar el acceso de compañías no exportadoras todavía no consiguió una respuesta significativa.
El RIGI también muestra un alcance limitado sobre el conjunto de la economía. Aunque existen sectores vinculados con este régimen que registran inversiones y crecimiento, su impacto todavía no alcanza a una parte importante del entramado productivo. Los sectores que representan al menos el 85% de la economía continúan mostrando, en términos generales, dificultades para crecer y realizar nuevas inversiones.
La evolución histórica del indicador permite observar un deterioro pronunciado entre fines de 2023 y mediados de 2024, con un piso cercano a marzo de ese año. Hacia el último tramo de 2024 comenzó una recuperación que se extendió durante el primer semestre de 2025, cuando se registraron algunas de las variaciones interanuales positivas más importantes del período.
Sin embargo, esa mejora perdió impulso hacia el cierre de 2025 y durante 2026 volvieron a predominar los registros negativos. La inversión, de esta manera, no logró sostener la recuperación inicial y permanece condicionada por la evolución de la actividad económica y las posibilidades de financiamiento.
Las perspectivas para los últimos meses del año tampoco anticipan un cambio significativo. Una recuperación más consistente dependerá de una mejora de las condiciones macroeconómicas y de la actividad, además del desarrollo de proyectos en sectores como la minería y la energía, que podrían contribuir a incrementar los niveles de inversión en el mediano y largo plazo.
En este contexto, las expectativas apuntan a una recuperación gradual y limitada en el corto plazo, con la posibilidad de que una mejora más marcada recién comience a observarse hacia 2027.








