El comportamiento de los granos está marcado por una combinación de factores que aumentó la incertidumbre en los mercados internacionales. La demanda de China, la evolución de la guerra en Ucrania y los conflictos en Medio Oriente forman parte de un escenario que incrementó la volatilidad y llevó a analizar distintas alternativas para cubrir precios.
La sensibilidad del mercado quedó expuesta este lunes. Los futuros de soja negociados en Chicago retrocedieron después de que China anunciara una reducción de aranceles para distintos productos agropecuarios estadounidenses, entre ellos maíz, trigo, carnes y lácteos. La soja quedó excluida de esa medida y continuará alcanzada por un arancel adicional del 10%.
A pesar de esa situación, el encuentro mantenido recientemente en Washington entre los presidentes de Estados Unidos y China fue interpretado como una señal de menor tensión comercial. Tras esa lectura, los contratos de soja registraron una baja cercana al 1,4%, equivalente a unos US$9 por tonelada.
El maíz también mostró una recuperación y alcanzó los US$208,5 por tonelada, más de US$25 por encima de los valores registrados a comienzos de julio. En este caso, la evolución estuvo vinculada, entre otros factores, con una menor expectativa sobre la producción mundial.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta una reducción cercana a 30 millones de toneladas en la cosecha estadounidense de maíz. La estimación contempla una menor superficie sembrada y el impacto de temperaturas extremas. A esto se suma la sequía que afecta a distintas zonas de Europa y que también deterioró las previsiones productivas.
En el caso de la soja, otro de los factores que sostiene las cotizaciones es la demanda china sobre la producción estadounidense. Durante agosto, el USDA informó distintas operaciones de venta privada hacia ese destino. Paralelamente, los reportes semanales comenzaron a mostrar un deterioro en el estado de los cultivos estadounidenses como consecuencia de condiciones climáticas desfavorables.
Sin embargo, la evolución de los precios no depende únicamente de la producción agrícola. El escenario internacional incorporó una mayor prima de riesgo asociada a los conflictos geopolíticos. La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a generar dificultades sobre uno de los principales corredores utilizados para la exportación de granos, especialmente a partir de restricciones al tránsito de buques por el estrecho de Kerch.
En Medio Oriente, las restricciones en el estrecho de Ormuz tuvieron además un impacto sobre el petróleo internacional. El precio pasó de valores cercanos a US$60 a superar los US$100 por barril, una variación que también repercutió sobre las cotizaciones de la soja y el maíz debido a la utilización de ambos cultivos en la producción de biocombustibles.
De acuerdo con el análisis de la BCR, una parte importante de los valores actuales está explicada por esa prima de riesgo geopolítica. Esto genera un escenario de mayor volatilidad y plantea interrogantes sobre cuánto tiempo pueden mantenerse las cotizaciones en los niveles actuales.
En ese contexto, el informe considera que el inicio de la campaña ofrece un momento para evaluar estrategias de cobertura de precios. La recomendación planteada es analizar la posibilidad de tomar posiciones aprovechando las cotizaciones actuales, aunque la decisión debe adecuarse a las necesidades y al perfil de cada productor.
La BCR también advierte que no existe una única estrategia aplicable a todos los casos, debido a que cada alternativa responde a un escenario diferente y su conveniencia puede cambiar de acuerdo con las expectativas del productor.
Con la campaña 2026/27 todavía en sus primeras etapas, la evolución de la demanda china, las condiciones de los cultivos, los conflictos internacionales y los precios de la energía aparecen como factores que pueden generar nuevos movimientos en las cotizaciones de los principales granos.








