En el fútbol argentino, algunas escenas de violencia se repiten y las fuerzas de seguridad suelen ocupar un lugar central, sin que parezcan importar las consecuencias. Al terminar el primer tiempo, los jugadores de Unión permanecieron en el campo porque no pudieron ingresar al vestuario visitante, afectado por los gases que la policía lanzó en las inmediaciones del Parque Independencia.
En los últimos minutos de la primera etapa, se produjeron incidentes entre la barra brava de Newell’s y la policía en las afueras del Coloso. Los efectivos reprimieron con gas pimienta, un elemento que, al igual que los gases lacrimógenos, alcanza no solo a quienes participan de los enfrentamientos, sino también a personas ajenas a ellos. Esta vez, los afectados fueron los futbolistas y el cuerpo técnico de Unión. Por esa razón, Leonardo Madelón dio las instrucciones para el tramo final con el plantel reunido alrededor del banco de suplentes.
En la primera mitad, ambos equipos generaron pocas ocasiones claras y el marcador reflejó lo ocurrido en el campo. Unión encontró una respuesta rápida ante la adversidad y abrió el resultado en el complemento: Tarragona bajó la pelota y Juan Pablo Ludueña la convirtió en gol de cabeza.
Fue un partido de escaso brillo, aunque los dos equipos intentaron encontrar caminos para llegar al gol. A los 31 minutos, Solari remató al arco; el disparo se iba desviado, pero Isla intentó conectar la pelota y terminó enviándola a su propia valla. Desde entonces y hasta el final, el resultado pudo inclinarse para cualquiera de los dos. El empate favoreció más a Newell’s, que aseguró la clasificación, que a Unión, que todavía tendrá una fecha para intentar modificar su situación.








