En la comparación mensual, la baja real fue del 0,3%, considerando una inflación estimada del 1,7% para agosto y del 33,5% durante los últimos doce meses.
La evolución es diferente si se observan los valores nominales. El saldo total de las tarjetas alcanzó los $25,1 billones, con un incremento mensual del 1,4% y una suba interanual del 20,1%, frente a los $20,9 billones registrados un año atrás. Sin embargo, ese crecimiento quedó por debajo de la inflación acumulada, por lo que el resultado implica una contracción en términos reales.
La reducción de los saldos se viene profundizando después del período de expansión registrado entre marzo de 2024 y noviembre de 2025. La cartera acumuló una caída real del 3,4% en los últimos tres meses, del 5,9% en el semestre y del 10,1% en la comparación interanual.
La velocidad de la contracción también aumentó. El promedio mensual de caída fue del 1,13% durante el último trimestre, frente al 0,98% correspondiente al semestre y al 0,84% registrado en los doce meses.
Entre los factores que explican esta tendencia aparecen las restricciones que enfrenta parte de los usuarios con dificultades para cumplir con sus pagos y una demanda más débil incluso entre quienes mantienen acceso al crédito.
Los clientes que presentan irregularidades en sus pagos pueden tener sus tarjetas suspendidas, mientras que las entidades financieras también limitan la actualización de los márgenes de crédito. Al mismo tiempo, los mayores límites suelen quedar concentrados entre los clientes con mejores perfiles crediticios, que actualmente muestran una menor tendencia a endeudarse.
En paralelo, otro estudio sobre las condiciones financieras de los hogares mostró que la tarjeta de crédito se convirtió en la principal fuente de deuda para casi la mitad de las familias argentinas que tienen dificultades para afrontar sus gastos.
Los datos relevados muestran diferentes comportamientos frente al pago de los resúmenes. El 36% de los encuestados abonó el total de la última liquidación, mientras que el 27,6% pagó un monto superior al mínimo pero inferior al total. Otro 18,4% realizó únicamente el pago mínimo y el 11,8% pagó incluso menos que ese monto.
A medida que aumenta la proporción de pagos parciales, también crecen las refinanciaciones y los niveles de morosidad.
El endeudamiento con tarjeta también comenzó a utilizarse para cubrir gastos que no necesariamente pueden postergarse. El 44,5% de los encuestados señaló que se endeudó principalmente para comprar alimentos y productos básicos.
En tanto, el 32% utilizó el crédito para afrontar servicios, impuestos, alquileres y otros gastos vinculados con la vivienda.
En el caso del financiamiento en moneda extranjera, el saldo de las tarjetas en dólares registró una caída mensual del 15,9% y se ubicó en US$670 millones. A pesar de la baja frente al mes anterior, el monto representa un incremento interanual del 1,5% respecto de los US$660 millones registrados durante el mismo período del año anterior.
La evolución del financiamiento en dólares se mantiene relativamente estable y está vinculada principalmente con los consumos realizados en el exterior. El turismo internacional y las compras efectuadas en plataformas comerciales fuera del país sostienen una demanda relativamente constante a lo largo del año.








