La iniciativa fue desarrollada por Perla Catherine Mayo, profesora de educación especial nacida en Uruguay y radicada en Argentina, a partir de su trabajo con personas con baja visión. La propuesta comenzó a tomar forma ante las situaciones de confusión que atravesaban algunos de sus pacientes al utilizar el bastón blanco, tradicionalmente asociado con la ceguera.
La baja visión implica conservar un remanente visual que permite realizar determinadas actividades, como reconocer rostros o leer mediante estrategias específicas, pero que resulta insuficiente para desenvolverse con facilidad en la vida cotidiana. Esta condición no se resuelve mediante anteojos convencionales y puede tener distintas causas.
La diferencia con la ceguera total también tiene una dimensión práctica. Una persona puede necesitar un bastón para desplazarse y, al mismo tiempo, ser capaz de utilizar un teléfono, reconocer objetos o distinguir a otras personas. Esa situación puede generar interpretaciones equivocadas por parte del entorno y llevar a que se presuponga que necesita una asistencia que quizás no requiere.
Desde el punto de vista técnico, la baja visión se caracteriza por una pérdida irreversible que no puede corregirse mediante los recursos convencionales. La ceguera legal, en cambio, contempla niveles de agudeza visual y de campo visual determinados. A su vez, una proporción importante de las personas con trastornos visuales conserva algún grado de visión.
Las causas de la baja visión son diversas. Entre ellas aparecen la degeneración macular, el glaucoma y la retinosis pigmentaria, además de otras enfermedades oculares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 2.200 millones de personas en el mundo presentan algún tipo de discapacidad visual y señala que alrededor de 1.000 millones de esos casos podrían haberse prevenido o todavía no recibieron tratamiento.
El Bastón Verde fue concebido justamente para establecer una diferencia visible. Su color permite transmitir que quien lo utiliza tiene una discapacidad visual, pero conserva capacidad para ver. En Argentina, su reconocimiento legal llegó con la Ley 25.682, sancionada el 27 de noviembre de 2002, que lo establece como instrumento de orientación y movilidad para personas con baja visión y contempla su cobertura como elemento de apoyo, además de promover la difusión de su significado.
El sistema argentino contempla tres tipos de bastones vinculados con distintas discapacidades visuales: el blanco para personas ciegas, el verde para quienes tienen baja visión y el rojo y blanco para personas con sordoceguera. Con el paso del tiempo, el uso del Bastón Verde también se extendió fuera del país y llegó a más de 15 países. En Perú, por ejemplo, una normativa emitida en 2024 promovió su utilización.
Mayo insiste en que el bastón no constituye un tratamiento para la baja visión. Se trata de una herramienta de orientación y movilidad que puede integrarse a un proceso de rehabilitación visual. Ese abordaje busca aprovechar al máximo el remanente visual de cada persona mediante intervenciones adaptadas a sus necesidades.
La rehabilitación puede incluir entrenamiento visual, ayudas ópticas, modificaciones en la iluminación, dispositivos de aumento y adaptaciones dentro del hogar. La OMS considera este tipo de intervención una parte importante de la atención oftalmológica, especialmente en casos relacionados con enfermedades como la retinopatía diabética, el glaucoma o la degeneración macular.
El trabajo comienza con la identificación de las actividades que la persona quiere recuperar o realizar con mayor autonomía. A partir de allí, se puede establecer un plan que combine distintas herramientas y estrategias. El objetivo es que la persona pueda desenvolverse aprovechando las capacidades visuales que conserva.
También es importante la forma en que el entorno interactúa con alguien que utiliza un Bastón Verde. La recomendación es no asumir automáticamente que necesita ayuda. En caso de duda, se puede preguntar primero si requiere asistencia y, si la respuesta es afirmativa, consultar de qué manera se puede colaborar.
Agarrar a una persona del brazo sin pedir permiso o tomar decisiones por ella puede afectar su autonomía. El acompañamiento adecuado consiste en facilitar el desplazamiento o la actividad que necesita realizar, respetando en todo momento su capacidad para desenvolverse por sí misma.
La elección del 26 de septiembre tiene además un significado personal para Mayo: la fecha coincide con el aniversario de su madre, Esther Merchán de Mayo, en cuya memoria decidió establecer la efeméride.
En paralelo, el 3 de octubre se realizará en Buenos Aires una jornada de Oftalmología Integrativa de 11 horas de duración, con más de 25 expositores y participación de profesionales especializados. La actividad estará dirigida exclusivamente a médicos oftalmólogos y abordará herramientas de la medicina integrativa como complemento de la práctica oftalmológica tradicional, con contenidos vinculados, entre otros temas, con el ojo seco y la degeneración macular.
Mayo formará parte de esa jornada con una exposición sobre baja visión, en una propuesta que vinculará la rehabilitación visual con los enfoques integrativos en oftalmología. La actividad también funcionará como instancia presencial de un programa universitario especializado en esta área.








